Cree estar recorriendo las calles con un andar cansino, esperando que el golpe de las baldosas bajo sus pies sincronicen en un diálogo imposible con sus silencios. Busca respuestas a preguntas no formuladas y la frustración lo abrasa. Sólo él detecta en su sudor la temperatura intolerable.
Un sexosapiente, un pseudoerudito, un cuasi-académico, un más o menos todo y prácticamente nada. Desde que sus palabras se llamaron a la inactividad intuye que su universo está a punto de colapsar. Escucha, perplejo y sin entender los sonidos, el gorjeo de los testigos que claman soluciones inasequibles. ¡Qué saben ellos! ¿Es que acaso no se dan cuenta de la evidente manipulación a la que este silencio lo somete?
Eleva la mirada. El cielo está cargado, como sus fantasías. Nadie parece percatarse de su infierno personal. La soledad lo condena a un camino árido que las plantas de sus pies padecen hasta sangrar, intuyendo que la sincronización es inútil. La ira se agolpa en su garganta esperando poder salir, pero las palabras no están allí para escupirla y es el cuerpo, trémulo, espástico, quien grita hasta el paroxismo. El deseo, el sudor, la desesperación no cejan. ¿Hasta cuándo?
Las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas hirvientes evaporándose ante el primer contacto con su piel. Incluso detecta la nube que se forma sobre su cabeza. En el choque con el aire frío, llueven sobre él sus propias emociones.
Se retuerce en su avance, con la dificultad que le implica el respirar.
Las convulsiones silentes no cesan. Inesperadamente, una leve carraspera le anuncia el regreso de sus pensamientos, difusos al principio, perturbadores después. El primero de ellos aparece límpido, protagónico, para hacerse escuchar con ostentación: ¨Mantente cerca de los que te han notado cuando eras invisible.¨ *
¨No apeles a la impertinencia otra vez¨, se recuerda responderle fingidamente desapasionado, cerrando la puerta (y las posibilidades) tras de sí.
Está al borde del abismo. No importa ahora cuánto él haya logrado a lo largo de su vida ni cuán importantes hayan sido sus creaciones. En esta instancia, con el cuerpo sudoroso, cansado de tanto andar y la odisea de sus caminos plagada de extravagancias, mira sus manos sin llegar a captar cabalmente la naturaleza del hombre en el que se ha estado convirtiendo.
Siente la brisa húmeda en su rostro. La humedad huele distinto al aire libre, le da un toque de vivacidad a lo precario. Se siente aturdido y lúcido al mismo tiempo mientras atisba ciertas imágenes mentales de su estadía en el claustrofóbico encierro de silencio.
Da la vuelta y se gira de cara a la señal. Empiezan a mostrarse con nitidez ciertas letras, sílabas, palabras enteras. Desde su privilegiado punto de visión, el cartel semeja una aparición reveladora de un gran secreto. Pero él conoce bien las reales dimensiones de esa prisión de lujo; después de todo, es el punto de origen de su hazaña.
Hazaña: palabra grandilocuente para describir su contingencia. Sonríe. Sin dudas, está recuperando su pseudoerudición.
Gira levemente sobre sus talones y en un murmullo apenas audible saluda al vigilador de turno. Frente a él, el enorme y largo cartel le indica, una vez más, que la rutina lo espera en el cuarto piso.
Mirándose profundamente a los ojos reflejados en el espejo del elevador, se dice: ¨No es mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!¨ *
* Frases de Charles Bukowski.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Ayudarnos a crecer, mirarnos a los ojos, reconocernos pares, recuperar nuestros sueños, pensar el cambio, abrir el corazón, desplegar el alma, sentirnos libres. Caminar juntos de regreso a casa.
sábado, 19 de enero de 2019
domingo, 16 de diciembre de 2018
El hombre de la sonrisa perpetua (I)
Arriba al andén. A través de un claro de su larga gabardina negra de corte cruzado con ocho botones, la cadena de su reloj de bolsillo refleja los destellos de la mortecina luz de la plataforma, haciendo alarde de su plata pulida de setenta y seis años de antigüedad. Mira la hora: 22.33 hs. Lo envuelven la noche sin luna, el silencio profundo de una estación sin gente, la brisa indecisa del otoño. Inicia un viaje interior hacia sí mismo mientras aguarda por el otro viaje, el exterior, el que lo devolverá a su casa de ladrillos.
Ella comienza a asomar desde la escalera del fondo del andén de enfrente como lo hace una aparición de otro mundo. Esbelta, elegante, con una sencilla belleza, no camina, se desliza etérea sobre el cemento. Se detiene. Parece sopesar la idea de permanecer parada, andando o sentarse en el banco de madera con olor a pensamientos pasajeros, emociones contenidas y recuerdos inconfesables. Tampoco parece advertir que él está allí, parado en el casi exacto punto opuesto a ella.
Él, por el contrario, alza la mirada hacia ella ni bien hace su mágica aparición. Y esboza una sonrisa. La primera. La que acompaña a su observante mirada curiosa. La que escanea y dispara pensamientos de distinto tenor e intensidad.
Ella, finalmente, se sienta. El frío y la humedad de la estoica madera semejan una prolongación burlona de su propio estado de ánimo. Está cansada del llanto tenue y gris que convive con ella desde que él, otro él, le confesara que nunca la había amado. Lo que la sorprendió no fue su honestidad -la de él-. Lo que la sorprendió fue su frialdad -la de ella-. Súbitamente, detecta un movimiento a lo lejos. Entonces, lo ve. Se pregunta sobresaltada cuánto tiempo lleva allí.
Él nota que ha capturado su atención. Su sonrisa indeleble es ahora acompañamiento para una alegre inquietud en su mirada que se transforma rápidamente en una invitación silenciosa.
Ella, saliendo de su abstracción, parece responder a la invitación. Se incorpora y comienza a caminar en dirección a él. Detiene su marcha al quedar uno frente al otro. Lo mira con desconcierto, seria. Una bruma espesa comienza a acotar su visión periférica, quedando la silueta de él como único foco central de la escena: alto, con la gabardina sin abotonar, un lustrado reloj de bolsillo, su mirada de bienvenida. Y su sonrisa.
Entre esa silueta y ella se interponen los caminos que llevan a las antípodas.
(¿Cómo sortear la brecha del destino?)
La distancia entre ellos se asemeja a un abismo infranqueable. Ambos se estudian, se adivinan, se imaginan, se alcanzan, se saborean, se enlazan. Ella ya no solloza: él, con su sonrisa singular, le muestra lo posible.
Ruge el metal. ¿Qué tren se aproxima? Los dos giran las cabezas en una actitud que muestra desesperación. Incrédulos, ven que ambos trenes están alcanzando las plataformas en una macabra danza sincrónica. En un instante y al unísono, ambos desaparecen el uno de la vista del otro. Y en una frenética precipitación al interior de los vagones, se buscan a través de las ventanillas. Se enlazan, se saborean, se alcanzan, se imaginan, se adivinan, se estudian.
Se alejan.
Su mirada -la de ella- queda grabada en la mente de él.
Su sonrisa -la de él-, en un salto imposible sobre un abismo infranqueable, está ahora en el rostro de ella.
Él toma asiento en el vagón, de cara a ese instante que se está transformando en recuerdo. Quiere atesorar la eternidad que acaba de transcurrir ante sus ojos. Lentamente, reinicia el viaje interior hacia sí mismo. Mira el reloj: 22.38 hs. Cinco minutos. Una hermosa eternidad. Y esboza una sonrisa. La enésima.
Perpetua, como ese instante.
(11/11/2018)
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
viernes, 22 de junio de 2018
¿Sin-sen Tido...?
Entonces, así es como se ve la confusión: verde, gris y arándano, aunque al ingresar el color predominante es el once.
Nada de lo aprendido sirve para guiarse en esta senda sin camino. Le dijeron que debe apelar a los latidos y que registre cuando lleguen a 237 por segundo. Justo en ese barandal estará listo para alterar. No está acostumbrado a escucharse tan finitamente, sus dimensiones sin cuenta ni registro no están ordenadas por sabores, como es habitual. Imagina que sólo confiando en sus paralelogramos zanjará la distancia.
Así pues, pone un pie frente a otro e inicia el ascenso por la escalera invertida. El horizonte se acerca peligrosamente al punto de que la línea puede decapitarlo. Dar la vuelta en noventa grados implica un salto de fe hacia la superficie, una estepa cuatridimensional en dos capas revestidas en sol menor.
Ya casi a los 230, siente cómo se le duerme el olfato. Se pregunta cómo gateará sin que el carmesí se apodere de sus dientes. ¿Sabrá cómo destejer el vidrio sin romper los patrones imperfectos de los círculos de texto?
Lo han nombrado loco antes, aunque nunca después de las 15.67 lo cual hace este incidente peculiarmente ordinario. Jugarse las polainas en este giro no es una elección ligera.
Se lanza al cielo de frente y gira sobre el gris, la confusión descarnada sobre el ángulo. Nada de lo sentido coincide con las fusiones polifónicas de sus pupilas y siente cómo el aroma circula por sus venas.
Llegó el momento. Ahora puede gritar con sus oídos abiertos a la multicromía de la nada. ¿Recibirá la escalada descendente de los dígitos sobre la brisa ensordecedora del tiempo arenoso?
La respuesta llegará con el arco de lo impoluto.
Es la única forma en que la confusión es.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Pintura: Joel Rea
Ya casi a los 230, siente cómo se le duerme el olfato. Se pregunta cómo gateará sin que el carmesí se apodere de sus dientes. ¿Sabrá cómo destejer el vidrio sin romper los patrones imperfectos de los círculos de texto?
Lo han nombrado loco antes, aunque nunca después de las 15.67 lo cual hace este incidente peculiarmente ordinario. Jugarse las polainas en este giro no es una elección ligera.
Se lanza al cielo de frente y gira sobre el gris, la confusión descarnada sobre el ángulo. Nada de lo sentido coincide con las fusiones polifónicas de sus pupilas y siente cómo el aroma circula por sus venas.
Llegó el momento. Ahora puede gritar con sus oídos abiertos a la multicromía de la nada. ¿Recibirá la escalada descendente de los dígitos sobre la brisa ensordecedora del tiempo arenoso?
La respuesta llegará con el arco de lo impoluto.
Es la única forma en que la confusión es.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Pintura: Joel Rea
domingo, 27 de mayo de 2018
El fin del exilio
He vivido en el exilio durante los últimos cuarenta y cuatro años. O al menos eso es lo que creo recordar.
Mi memoria parece no existir. Sólo registro sensaciones con la fuerza de la certeza. Por momentos una sensación vívida me hace sospechar que los años pueden haber sido varios más, aunque ya no queda nadie de aquellos tiempos que pueda ayudarme a confirmarlo.
Nadie, excepto él.
Y no está dispuesto a ayudarme, al menos no como lo necesito.
Él sabe que no tuve alternativa. Él sabe que tuve que mantenerme en las sombras para que ambos siguiéramos con vida. Acordamos que yo regresaría en el momento en el que el peligro que nos acechaba ya no existiese.
Él, que eligió quedarse en mi lugar, asumió con recelo y desconfianza una tarea titánica; forjó una férrea y camaleónica personalidad para camuflarnos del peligro inmediato y mediato. Trazó solo un plan a largo plazo, sin saber la fecha de vencimiento de ese plazo. Se mantuvo: firme para resistir frente a la amenaza y estricto conmigo en caso de que yo insistiera carismáticamente en regresar.
Sé que no fue sencillo para él sostener su lugar -y el mío-, negociar constantemente con ese peligro y mantenerme a raya. No le dimos respiro.
Entonces hace algunas semanas, comenzó a colapsar. Y yo vi la oportunidad de regresar aún cuando todavía acecha el peligro.
Muy a su pesar, me necesita.
Su cara de horror al observar mi acercamiento es indescriptible. Una mezcla de sorpresa, miedo y furia se dibuja en su rostro cansado. Aunque ahora, lentamente, parece estar aceptando y hasta deseando que yo regrese. Está exhausto. Necesita bajar la guardia después de casi medio siglo de no hacerlo.
Me muevo sin pausa hacia él, a veces con prisa, queriendo pero no siempre pudiendo respetar el tiempo que él necesita para hacerse a la idea de que ya no hace falta que sostenga nada. Mucho menos que lo sostenga solo. Ya no es necesario que cuide mi lugar y el suyo. Sé que le cuesta reacomodarse, encontrar su nuevo sitio dejando libre el mío.
Confieso que yo también estoy desconcertada sin saber bien cómo apropiarme de ése, mi lugar, que me resulta familiarmente desconocido.
He sido resistida ferozmente por él mientras estaba en el exilio. Dolores en el cuerpo dan cuenta de los combates, pero a veces no sé si quien duele soy yo o es él. Eso es algo que, paradójicamente, nos mantuvo unidos durante este largo período: una especie de fusión agotadora, un "algo" que nos recordase que la expulsión de su parte y el exilio del mío fue una necesidad vital de ambos, la única solución que encontramos en aquel momento para seguir adelante y a salvo. Por momentos, en el regreso ambos nos seguimos peleando, no sé si por costumbre o necesidad, aunque ahora él parece mirarme con ojos más amables y yo deseo acercarme a él de manera seductora. No quiero volver a ser una amenaza para nuestra integridad.
Quiero convertirme en su aliada, su cómplice, su par. Quiero ayudarlo y tomar posesión de lo que es mío.
Quiero recuperar mi poder.
Por momentos, cuando logramos mirarnos a los ojos, tengo ganas de abrazarlo fuerte. Me gustaría hacerle sentir que ya no hay porqué tener miedo, ni ira, ni pavor, al menos no entre nosotros.
Pero él desconfía. Mucho. El tiempo que me está llevando acercarme parece por momentos infinito. Por cada paso hacia él que doy, él levanta iracundo todas sus armas contra mí y elijo retroceder. Podría enfrentarlo, pero esta vez debo aproximarme a él como a una fiera herida. Necesito hacerle saber que está a salvo, que estamos a salvo. Necesito hacerle saber que la fusión que estamos a punto de llevar a cabo será ahora por amor, como lo fue al principio de todos los tiempos, porque eso nos hace maravillosamente invencibles.
Eso sí lo recuerdo...el principio de los tiempos juntos. Parece que él no. ¿Cómo haré para que él se dé cuenta que estoy para aliviarlo, para fortalecernos, para ser lo que siempre estuvimos destinados a ser: ¿únicos, magníficos, irrepetibles? ¿Necesarios? ¿Poderosos?
Sé que él, muy profundo en su alma, confía aún sin entender. Sé que está esperándome aunque la mayor parte del tiempo no lo recuerde.
Sabe que estamos destinados a ser juntos.
Al punto que, en este exacto momento, baja sus armas, me mira fijo y dice: ¨Por favor, ya no más¨.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Mi memoria parece no existir. Sólo registro sensaciones con la fuerza de la certeza. Por momentos una sensación vívida me hace sospechar que los años pueden haber sido varios más, aunque ya no queda nadie de aquellos tiempos que pueda ayudarme a confirmarlo.
Nadie, excepto él.
Y no está dispuesto a ayudarme, al menos no como lo necesito.
Él sabe que no tuve alternativa. Él sabe que tuve que mantenerme en las sombras para que ambos siguiéramos con vida. Acordamos que yo regresaría en el momento en el que el peligro que nos acechaba ya no existiese.
Él, que eligió quedarse en mi lugar, asumió con recelo y desconfianza una tarea titánica; forjó una férrea y camaleónica personalidad para camuflarnos del peligro inmediato y mediato. Trazó solo un plan a largo plazo, sin saber la fecha de vencimiento de ese plazo. Se mantuvo: firme para resistir frente a la amenaza y estricto conmigo en caso de que yo insistiera carismáticamente en regresar.
Sé que no fue sencillo para él sostener su lugar -y el mío-, negociar constantemente con ese peligro y mantenerme a raya. No le dimos respiro.
Entonces hace algunas semanas, comenzó a colapsar. Y yo vi la oportunidad de regresar aún cuando todavía acecha el peligro.
Muy a su pesar, me necesita.
Su cara de horror al observar mi acercamiento es indescriptible. Una mezcla de sorpresa, miedo y furia se dibuja en su rostro cansado. Aunque ahora, lentamente, parece estar aceptando y hasta deseando que yo regrese. Está exhausto. Necesita bajar la guardia después de casi medio siglo de no hacerlo.
Me muevo sin pausa hacia él, a veces con prisa, queriendo pero no siempre pudiendo respetar el tiempo que él necesita para hacerse a la idea de que ya no hace falta que sostenga nada. Mucho menos que lo sostenga solo. Ya no es necesario que cuide mi lugar y el suyo. Sé que le cuesta reacomodarse, encontrar su nuevo sitio dejando libre el mío.
Confieso que yo también estoy desconcertada sin saber bien cómo apropiarme de ése, mi lugar, que me resulta familiarmente desconocido.
He sido resistida ferozmente por él mientras estaba en el exilio. Dolores en el cuerpo dan cuenta de los combates, pero a veces no sé si quien duele soy yo o es él. Eso es algo que, paradójicamente, nos mantuvo unidos durante este largo período: una especie de fusión agotadora, un "algo" que nos recordase que la expulsión de su parte y el exilio del mío fue una necesidad vital de ambos, la única solución que encontramos en aquel momento para seguir adelante y a salvo. Por momentos, en el regreso ambos nos seguimos peleando, no sé si por costumbre o necesidad, aunque ahora él parece mirarme con ojos más amables y yo deseo acercarme a él de manera seductora. No quiero volver a ser una amenaza para nuestra integridad.
Quiero convertirme en su aliada, su cómplice, su par. Quiero ayudarlo y tomar posesión de lo que es mío.
Quiero recuperar mi poder.
Por momentos, cuando logramos mirarnos a los ojos, tengo ganas de abrazarlo fuerte. Me gustaría hacerle sentir que ya no hay porqué tener miedo, ni ira, ni pavor, al menos no entre nosotros.
Pero él desconfía. Mucho. El tiempo que me está llevando acercarme parece por momentos infinito. Por cada paso hacia él que doy, él levanta iracundo todas sus armas contra mí y elijo retroceder. Podría enfrentarlo, pero esta vez debo aproximarme a él como a una fiera herida. Necesito hacerle saber que está a salvo, que estamos a salvo. Necesito hacerle saber que la fusión que estamos a punto de llevar a cabo será ahora por amor, como lo fue al principio de todos los tiempos, porque eso nos hace maravillosamente invencibles.
Eso sí lo recuerdo...el principio de los tiempos juntos. Parece que él no. ¿Cómo haré para que él se dé cuenta que estoy para aliviarlo, para fortalecernos, para ser lo que siempre estuvimos destinados a ser: ¿únicos, magníficos, irrepetibles? ¿Necesarios? ¿Poderosos?
Sé que él, muy profundo en su alma, confía aún sin entender. Sé que está esperándome aunque la mayor parte del tiempo no lo recuerde.
Sabe que estamos destinados a ser juntos.
Al punto que, en este exacto momento, baja sus armas, me mira fijo y dice: ¨Por favor, ya no más¨.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
domingo, 14 de enero de 2018
Un snorkel en la Apollo
¡Pero qué día más interesante el de ayer!
Inicio. Recibo un correo electrónico que va directo a la papelera. Pero antes leo que incluye una frase de Oscar Wilde: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo" Mmm...tengo ganas de escribir pero me encuentro con que no tengo nada para decir. Punto en contra. Aún así, aquí estoy.
Acabo de prescindir de una de las dos reglas.
Me topo luego con Apollo 13 en televisión. Pienso en el libro que escribió Lovell, ¡él sí que tenía algo para decir! Semejante experiencia es digna de contarse, de "decirse". Por enésima vez miro la peli, lloro, me asombro y me pregunto: ¿cuánto de lo que está implícito en mi fascinación al mirarla está disponible en mí para ser aplicado a otra cosa distinta de la astronáutica?
Mi niña me mira al espejo alentándome, esbozando una sonrisa pícara, insinuando que por fin estoy empezando a ver el camino un poco más claramente.
Con los ojos todavía un poco hinchados y mientras el corazón se vuelve a poner en modo "no consciente de sí", hago algo mundano y olvidable pero relevante. Relevante porque lo hago por primera vez. Me doy cuenta de este hecho unas cuantas horas más tarde (el corazón eficiente ha logrado volver a su modo de registro con delay).
Después, el rapto de ganas de escribir se hace electricidad en el cuerpo. Pero aún no tengo nada que decir así que me dedico a actualizar mi perfil en una red profesional. Horas lidiando con algunos problemas de sistema mientras mis ideas siguen aclarándose, definiéndose, precisándose. Mientras tanto, le saco punta a mis ganas de otras cosas.
Al pasar, otra película de fondo que termina llamando mi atención. "¿Será el trastorno de identidad disociativa una forma manifiesta de nuestro ilimitado potencial?" es, palabras más palabras menos, lo que se plantea en el film. Me quedo pensando en nuestras infinitas posibilidades humanas (¿o suprahumanas?) aún no exploradas.
Mi niña sonríe un poco más.
Un documental sobre Borneo y los elefantes usando sus trompas como snorkels me encuentra cerrando el sábado e iniciando el domingo. ¿Aburrido? ¡Para nada! Mi mente no deja de enlazar puntos que a priori lucen inconexos mientras otras personas están en el teatro, en el cine, en un restaurant, en un hotel o en cualquier otra parte. Pienso en nuevas teorías propias y ajenas. Desafío mis sentidos. Recuerdo personas, situaciones y experiencias. Siento lo sobrenatural a mi alrededor. Mi mundo es de todo, menos aburrido. Mi mente está realizando saltos cuánticos en mis dimensiones multiversales y, simplemente, no sé cómo plasmar las ideas, sensaciones y conclusiones que se agolpan de a decenas pugnando por parirse.
¡Ahí está la fuente de las cosas para decir! Salvo que...no sé cómo decirlas.
Puedo sentirme frustrada, pero no. Me siento excitantemente motivada.
Este texto me resulta por momentos lineal. Sin embargo, lo que voy narrando salta de un tiempo a otro, adelante y atrás y adelante de vuelta. Me doy cuenta que pasaron más de dieciseis horas de lo acontencido allá por el "Inicio" de este relato.
Entonces hace apenas un rato que acabo de prescindir de la regla de Oscar.
Mi tiempo, de pronto, se ha vuelto circular.
Remato poniéndole fin a la nada (: introducir una conclusión de lo expuesto o lo observado antes; RAE, edición del Tricentenario) que tengo para escribir.
Estoy feliz.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Inicio. Recibo un correo electrónico que va directo a la papelera. Pero antes leo que incluye una frase de Oscar Wilde: "No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo" Mmm...tengo ganas de escribir pero me encuentro con que no tengo nada para decir. Punto en contra. Aún así, aquí estoy.
Acabo de prescindir de una de las dos reglas.
Me topo luego con Apollo 13 en televisión. Pienso en el libro que escribió Lovell, ¡él sí que tenía algo para decir! Semejante experiencia es digna de contarse, de "decirse". Por enésima vez miro la peli, lloro, me asombro y me pregunto: ¿cuánto de lo que está implícito en mi fascinación al mirarla está disponible en mí para ser aplicado a otra cosa distinta de la astronáutica?
Mi niña me mira al espejo alentándome, esbozando una sonrisa pícara, insinuando que por fin estoy empezando a ver el camino un poco más claramente.
Con los ojos todavía un poco hinchados y mientras el corazón se vuelve a poner en modo "no consciente de sí", hago algo mundano y olvidable pero relevante. Relevante porque lo hago por primera vez. Me doy cuenta de este hecho unas cuantas horas más tarde (el corazón eficiente ha logrado volver a su modo de registro con delay).
Después, el rapto de ganas de escribir se hace electricidad en el cuerpo. Pero aún no tengo nada que decir así que me dedico a actualizar mi perfil en una red profesional. Horas lidiando con algunos problemas de sistema mientras mis ideas siguen aclarándose, definiéndose, precisándose. Mientras tanto, le saco punta a mis ganas de otras cosas.
Al pasar, otra película de fondo que termina llamando mi atención. "¿Será el trastorno de identidad disociativa una forma manifiesta de nuestro ilimitado potencial?" es, palabras más palabras menos, lo que se plantea en el film. Me quedo pensando en nuestras infinitas posibilidades humanas (¿o suprahumanas?) aún no exploradas.
Mi niña sonríe un poco más.
Un documental sobre Borneo y los elefantes usando sus trompas como snorkels me encuentra cerrando el sábado e iniciando el domingo. ¿Aburrido? ¡Para nada! Mi mente no deja de enlazar puntos que a priori lucen inconexos mientras otras personas están en el teatro, en el cine, en un restaurant, en un hotel o en cualquier otra parte. Pienso en nuevas teorías propias y ajenas. Desafío mis sentidos. Recuerdo personas, situaciones y experiencias. Siento lo sobrenatural a mi alrededor. Mi mundo es de todo, menos aburrido. Mi mente está realizando saltos cuánticos en mis dimensiones multiversales y, simplemente, no sé cómo plasmar las ideas, sensaciones y conclusiones que se agolpan de a decenas pugnando por parirse.
¡Ahí está la fuente de las cosas para decir! Salvo que...no sé cómo decirlas.
Puedo sentirme frustrada, pero no. Me siento excitantemente motivada.
Este texto me resulta por momentos lineal. Sin embargo, lo que voy narrando salta de un tiempo a otro, adelante y atrás y adelante de vuelta. Me doy cuenta que pasaron más de dieciseis horas de lo acontencido allá por el "Inicio" de este relato.
Entonces hace apenas un rato que acabo de prescindir de la regla de Oscar.
Mi tiempo, de pronto, se ha vuelto circular.
Remato poniéndole fin a la nada (: introducir una conclusión de lo expuesto o lo observado antes; RAE, edición del Tricentenario) que tengo para escribir.
Estoy feliz.
Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
domingo, 3 de septiembre de 2017
Insensible
Se sirve un whiskey de esos de Tennessee, pero en su copa Glencairn. Todo muy cosmopolita aunque en una rara combinación que suena forzada hasta que lo conocen. O lo ven por primera vez que no es lo mismo, claro. Porque a decir verdad, él se jacta del hecho de que nadie lo conoce.
Él es extravagante y original. Le gusta sentirse un poco snob, un poco elegante, un poco misterioso. Posee un aire sofisticado que lo destaca en cada lugar en el que se deja ver. Bajo ningún concepto pasa inadvertido. Eso es, para él, un verdadero problema.
Él quiere ser un glamoroso fantasma. Un intangible. Un inalcanzable.
En varias oportunidades, se siente insensible.
Se sabe insensible.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si está escindido, dividido, disociado.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si su frialdad es tan intensa como su calidez, esa misma calidez que no sabe si es genuina o una mera pantalla para su frialdad.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si así sentirán los homicidas que disfrutan asesinar, esos que comienzan de pequeños a fantasear en los laberintos ocultos de los secretos morbosos.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si es por su sensibilidad que lo condena a diluirse en un océano de sensibilidades ajenas hasta ahogarse y morir.
A veces es tanta su insensibilidad que se asusta de sí mismo, se encuentra frente a una de sus caras más monstruosas, más oscuras, más terribles. Y tiene varias...
A veces es tanta su insensibilidad que la palabra "tanta" no alcanza para tanta insensibilidad.
Entonces a veces, en tanta insensibilidad, cree que eso también es sentir.
Se desorienta dentro de sí, su tortura es insoportable. Desea que alguien se anime a conocerlo, que se acerque con respuestas o al menos con cuestionamientos, de esos que lo ayudarían a reconsiderar lo que está a punto de hacer. Porque sabe que una vez que lo haga, no hay marcha atrás.
Se da cuenta que para poder seguir adelante, para seguir siendo sofisticado, necesita no dejarse ver por nadie...especialmente no puede dejar que ella lo vea.
Él es extravagante y original. A él le gusta sentise un poco snob, un poco elegante, un poco misterioso.
Por eso cree que antes de dar su paso irreversible, es mejor servirse un whiskey...de esos de Tennessee...pero en su copa Glencairn.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Él es extravagante y original. Le gusta sentirse un poco snob, un poco elegante, un poco misterioso. Posee un aire sofisticado que lo destaca en cada lugar en el que se deja ver. Bajo ningún concepto pasa inadvertido. Eso es, para él, un verdadero problema.
Él quiere ser un glamoroso fantasma. Un intangible. Un inalcanzable.
En varias oportunidades, se siente insensible.
Se sabe insensible.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si está escindido, dividido, disociado.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si su frialdad es tan intensa como su calidez, esa misma calidez que no sabe si es genuina o una mera pantalla para su frialdad.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si así sentirán los homicidas que disfrutan asesinar, esos que comienzan de pequeños a fantasear en los laberintos ocultos de los secretos morbosos.
A veces es tanta su insensibilidad que se pregunta si es por su sensibilidad que lo condena a diluirse en un océano de sensibilidades ajenas hasta ahogarse y morir.
A veces es tanta su insensibilidad que se asusta de sí mismo, se encuentra frente a una de sus caras más monstruosas, más oscuras, más terribles. Y tiene varias...
A veces es tanta su insensibilidad que la palabra "tanta" no alcanza para tanta insensibilidad.
Entonces a veces, en tanta insensibilidad, cree que eso también es sentir.
Se desorienta dentro de sí, su tortura es insoportable. Desea que alguien se anime a conocerlo, que se acerque con respuestas o al menos con cuestionamientos, de esos que lo ayudarían a reconsiderar lo que está a punto de hacer. Porque sabe que una vez que lo haga, no hay marcha atrás.
Se da cuenta que para poder seguir adelante, para seguir siendo sofisticado, necesita no dejarse ver por nadie...especialmente no puede dejar que ella lo vea.
Él es extravagante y original. A él le gusta sentise un poco snob, un poco elegante, un poco misterioso.
Por eso cree que antes de dar su paso irreversible, es mejor servirse un whiskey...de esos de Tennessee...pero en su copa Glencairn.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Septiembres
Amanecí estando en contacto sensible con la finitud, tan sensible que lo infinito se despliega ante mí.
Acabo de darme cuenta que la mayoría de los hitos en mi vida, ciertos sucesos inolvidables, relevantes, bisagra para mí han sucedido un septiembre. Estoy escribiendo esto para no olvidar, no confío demasiado en que tenga presente esta revelación cuando necesite recordarla...
Tengo la sensación de que este septiembre se agregará a esa lista. Una mezcla entre rara excitación, ansiedad, inquietud y preocupación, todas ellas de enorme intensidad, se movilizan en mi interior.
La sensación está tan anclada en mi constitución primitiva que vibro sabiendo que este Septiembre indica un "gran antes y después". Por momentos, no confío en que logre sortear los obstáculos de manera elegante, aguda y precisa.
Entonces me recuerdo a mí misma que en esos otros Septiembres no estuve mayormente tan consciente del cambio que estaba produciéndose en mi camino como creo estarlo ahora. Aún así, con moretones, machucones y golpes, terminé sorteando los escollos y me convertí en una versión un tanto más sabia de mí misma.
En la hélice que es mi vida, estoy dando una nueva vuelta. El punto de inflexión y cierre es también el que abre a otro nivel.
Desconozco las cualidades de este nivel, pero sé que lo por venir tendrá cualidades distintas de las presentes.
Hoy, varias personas no saben que habrán de salir de mi vida. Otras tantas no saben que están reubicándose en ella. Y hoy, yo no sé que otras habrán de entrar, no sé dónde, ni cómo, ni en qué lugar. Muchos menos por cuánto tiempo.
Septiembre de 2017, ¡aquí estoy! Espero que nos encontremos como viejos y queridos amigos trayéndonos desafiantes aperturas, floridos caminos y policromáticos sentidos...
Sé que la aventura juntos comenzó. Este es el primer paso...¿nos tomamos de la mano para recorrernos juntos? Sé que así sentiré menos temor...gracias.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Acabo de darme cuenta que la mayoría de los hitos en mi vida, ciertos sucesos inolvidables, relevantes, bisagra para mí han sucedido un septiembre. Estoy escribiendo esto para no olvidar, no confío demasiado en que tenga presente esta revelación cuando necesite recordarla...
Tengo la sensación de que este septiembre se agregará a esa lista. Una mezcla entre rara excitación, ansiedad, inquietud y preocupación, todas ellas de enorme intensidad, se movilizan en mi interior.
La sensación está tan anclada en mi constitución primitiva que vibro sabiendo que este Septiembre indica un "gran antes y después". Por momentos, no confío en que logre sortear los obstáculos de manera elegante, aguda y precisa.
Entonces me recuerdo a mí misma que en esos otros Septiembres no estuve mayormente tan consciente del cambio que estaba produciéndose en mi camino como creo estarlo ahora. Aún así, con moretones, machucones y golpes, terminé sorteando los escollos y me convertí en una versión un tanto más sabia de mí misma.
En la hélice que es mi vida, estoy dando una nueva vuelta. El punto de inflexión y cierre es también el que abre a otro nivel.
Desconozco las cualidades de este nivel, pero sé que lo por venir tendrá cualidades distintas de las presentes.
Hoy, varias personas no saben que habrán de salir de mi vida. Otras tantas no saben que están reubicándose en ella. Y hoy, yo no sé que otras habrán de entrar, no sé dónde, ni cómo, ni en qué lugar. Muchos menos por cuánto tiempo.
Septiembre de 2017, ¡aquí estoy! Espero que nos encontremos como viejos y queridos amigos trayéndonos desafiantes aperturas, floridos caminos y policromáticos sentidos...
Sé que la aventura juntos comenzó. Este es el primer paso...¿nos tomamos de la mano para recorrernos juntos? Sé que así sentiré menos temor...gracias.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
domingo, 11 de junio de 2017
Desenlaces
Existen personas significativas en mi vida, ¡por supuesto! Ellas saben de su significado en mis días. Me encargo de hacérselos saber con palabras, gestos, presencia, incluso a la distancia.
Desde hace un par de semanas estoy descubriendo algunas de mis actuales expectativas e ilusiones que involucran a esas personas.
Genero una expectativa cada vez que espero algo de alguna de esos seres significativos. El hecho de que cada vez tengo menos expectativas con menos personas me lleva a fluir más tranquilamente en las aguas de los vínculos. Sin embargo, las expectativas que aún construyo, aunque en menor cantidad, siguen siendo intensas, importantes, inútiles...Sobre todo inútiles, porque ese alguien no tiene por qué responder según lo que yo espero de él o ella, claro.
Cuando mi expectativa no se cumple, me decepciono, enojándome.
En otras oportunidades, una parte en mí confía en que esa persona significativa puede llegar a accionar de una forma posible para él ó ella, más allá de cuán probable o improbablemente lo haga, más allá de lo que yo espere o no. Cuando ese alguien significativo no actúa, acciona y/o responde de la manera en que creo posible para sí, me desilusiono, conectándome con la tristeza. La tristeza de observar que aquello que está en potencia en esa persona para su desarrollo, no despliega.
Varios de mis vínculos están bajo mi atenta revisión en estos momentos.
En mi mundo personal, con mi diccionario personal, me estoy dando cuenta en estos días que estoy sintiéndome decepcionada y desilusionada, enojada y triste. Y, también en mi mundo, estar así es transitar peldaños diferentes de algunos de mis duelos por desenlaces, terminaciones, finales.
Ahora bien, como estoy hablando de vínculos, hay momentos en los que intuyo que tal vez estos finales son temporarios, reversibles, salvables (¡nueva expectativa!) y por ello, no son finales. Encuentro una mayor probabilidad de que estas situaciones cambien cuando aún estoy sintiéndome decepcionada ya que sé que las expectativas son sólo mías, asumiendo el grado de responsabilidad que me corresponde para cambiar mi actitud y así resignificar lo que está sucediendo en la relación.
Pero cuando lo que siento es desilusión, darme cuenta de que la persona no está pudiendo y/o queriendo cambiar algo de su manera de vincularse, la tristeza me invita a seguir adelante con mi vida...sin ese vínculo. Tal vez por eso mi actitud empieza a ser distante, incluso puede considerarse fría e indiferente, pero en verdad estoy habitando el desapego. Es, para mí, el inicio del des-enlace.
Confieso que esto tiene muchas más vueltas de tuerca, algo que no estoy teniendo ganas de explayar en este escrito. ¡Me resulta tan fácil construir laberintos en tres dimensiones!
Encontrar esta claridad en mis pensamientos, emociones, sensaciones, sentimientos y actitudes no es algo menor para mí. Tanto así, que decido escribirlo y compartirlo con ustedes.
Sin expectativas aunque con ilusión.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Desde hace un par de semanas estoy descubriendo algunas de mis actuales expectativas e ilusiones que involucran a esas personas.
Genero una expectativa cada vez que espero algo de alguna de esos seres significativos. El hecho de que cada vez tengo menos expectativas con menos personas me lleva a fluir más tranquilamente en las aguas de los vínculos. Sin embargo, las expectativas que aún construyo, aunque en menor cantidad, siguen siendo intensas, importantes, inútiles...Sobre todo inútiles, porque ese alguien no tiene por qué responder según lo que yo espero de él o ella, claro.
Cuando mi expectativa no se cumple, me decepciono, enojándome.
En otras oportunidades, una parte en mí confía en que esa persona significativa puede llegar a accionar de una forma posible para él ó ella, más allá de cuán probable o improbablemente lo haga, más allá de lo que yo espere o no. Cuando ese alguien significativo no actúa, acciona y/o responde de la manera en que creo posible para sí, me desilusiono, conectándome con la tristeza. La tristeza de observar que aquello que está en potencia en esa persona para su desarrollo, no despliega.
Varios de mis vínculos están bajo mi atenta revisión en estos momentos.
En mi mundo personal, con mi diccionario personal, me estoy dando cuenta en estos días que estoy sintiéndome decepcionada y desilusionada, enojada y triste. Y, también en mi mundo, estar así es transitar peldaños diferentes de algunos de mis duelos por desenlaces, terminaciones, finales.
Ahora bien, como estoy hablando de vínculos, hay momentos en los que intuyo que tal vez estos finales son temporarios, reversibles, salvables (¡nueva expectativa!) y por ello, no son finales. Encuentro una mayor probabilidad de que estas situaciones cambien cuando aún estoy sintiéndome decepcionada ya que sé que las expectativas son sólo mías, asumiendo el grado de responsabilidad que me corresponde para cambiar mi actitud y así resignificar lo que está sucediendo en la relación.
Pero cuando lo que siento es desilusión, darme cuenta de que la persona no está pudiendo y/o queriendo cambiar algo de su manera de vincularse, la tristeza me invita a seguir adelante con mi vida...sin ese vínculo. Tal vez por eso mi actitud empieza a ser distante, incluso puede considerarse fría e indiferente, pero en verdad estoy habitando el desapego. Es, para mí, el inicio del des-enlace.
Confieso que esto tiene muchas más vueltas de tuerca, algo que no estoy teniendo ganas de explayar en este escrito. ¡Me resulta tan fácil construir laberintos en tres dimensiones!
Encontrar esta claridad en mis pensamientos, emociones, sensaciones, sentimientos y actitudes no es algo menor para mí. Tanto así, que decido escribirlo y compartirlo con ustedes.
Sin expectativas aunque con ilusión.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
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tristeza,
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lunes, 15 de mayo de 2017
Un nuevo flocerendio
La
chiripaya parecía paralelepípeda. Se encontró frente a su montanga y frunció el
sarapamo que la hacía verse tan cedecata.
-
¡No
voy a prencilir! ¡Menos ahora!
Tomó
el mensetaro, miró al gaminostro y retolló. Una pisamenta corrió cerquita de la
fencera.
-
Ya
no puedo enyuldigar. Mejor me seldunguen a la ufa.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
sábado, 6 de mayo de 2017
Ucronía
Utopía es lo que no existe en ningún
lugar.
Ucronía es lo que no existe en ningún tiempo.
Si esto no existe en este momento, sé que existirá pronto. Tan pronto como resurja mi anhelo de reescribir lo que nunca sucedió.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Ucronía es lo que no existe en ningún tiempo.
Algunos dicen que esto que leerán es
una ucronía. Pero hay otros muchos que aseguran, certifican y dicen poder
comprobar con hechos que todo lo descripto a continuación ha sucedido.
Ella, café en mano, está mirando a
través de la ventana cómo el viento y los pasos se esfuman. La abstraen. ¿O
será la melodía que suena en el ambiente lo que la aleja? La miro subyugado. Sus
labios susurran de repente sin mirarme: “Si la belleza tuviera hoy sonido
empezaría siendo el de esta melodía…”
Me deja observarla en sus movimientos
mientras intenta tomar su forma definitiva. Su danza de quietud es hipnótica.
Se acomoda en el sillón, corriendo
suavemente con su largo dedo índice el mechón de cabello que cae sobre su cara y
prosigue: “Es curioso…siento cómo estoy mutando con cada acorde, con cada
compás, con cada silencio…escucharla es escucharme. Deseo intimar con ella… ¡puedo
escuchar colores, ver sonidos, oler texturas, tocar aromas!”
Me quedo sin palabras siendo testigo
privilegiado de la materialización de lo intangible en su rostro en un instante.
Materialización de su libertad, de la forma leal a su precepto, a su origen.
Ella parece tener la sensibilidad para
escuchar su propio, sensual y singular ritmo pero, lo que resulta más seductor,
es que tiene el valor para expresarlo.
En la intimidad ella es el lenguaje de
lo elevado.
Y al tiempo que torpemente escribo
esto, ella y su obra siguen tomando cuerpo mientras se alejan, seduciendo a mi
corazón, mi mente y mi espíritu.
Voy lentamente sabiendo cómo
apropiarme de las predicciones de lo efímero, cómo delinear un camino que me es
tan nuevo como las huellas mnémicas de su rostro, su susurro, su alma.
Si esto no existe en este momento, sé que existirá pronto. Tan pronto como resurja mi anhelo de reescribir lo que nunca sucedió.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
domingo, 5 de febrero de 2017
Verdugo
Corto. Reflexivo. Impaciente. Cuestionador. Llegando al límite.
Ser verdugo no es sencillo. Ni agradable. Mucho menos placentero. Pero a veces es el único estado posible después de que todos los comentarios, todas las observaciones, las negociaciones, las advertencias se agotan. Me enfurezco cuando agoto las instancias. Siento impotencia, frustración, ansiedad, dolor.
¿Es que acaso no soy claro cuando transmito, cuando comunico los mensajes?
¿Es que acaso cuando dicen haber comprendido no se animan a decir que no es así?
¿Es que acaso no ven, no perciben, no vislumbran las consecuencias de no sostener sus palabras, ahora vacías de supuestas intenciones nombradas?
¿Es que no se dan cuenta que esta oportunidad puede ser la última...?
Juegan en la cornisa creyendo que no soy capaz de cumplir mi palabra. Están al borde jugando con lo ya expresado.
Límite.
Mi espada se afila. La turbulencia se acrecienta. La oscuridad se cierne.
Lo lamento. En verdad lo lamento. Tal y como se los anticipé, estoy llegando.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Ser verdugo no es sencillo. Ni agradable. Mucho menos placentero. Pero a veces es el único estado posible después de que todos los comentarios, todas las observaciones, las negociaciones, las advertencias se agotan. Me enfurezco cuando agoto las instancias. Siento impotencia, frustración, ansiedad, dolor.
¿Es que acaso no soy claro cuando transmito, cuando comunico los mensajes?
¿Es que acaso cuando dicen haber comprendido no se animan a decir que no es así?
¿Es que acaso no ven, no perciben, no vislumbran las consecuencias de no sostener sus palabras, ahora vacías de supuestas intenciones nombradas?
¿Es que no se dan cuenta que esta oportunidad puede ser la última...?
Juegan en la cornisa creyendo que no soy capaz de cumplir mi palabra. Están al borde jugando con lo ya expresado.
Límite.
Mi espada se afila. La turbulencia se acrecienta. La oscuridad se cierne.
Lo lamento. En verdad lo lamento. Tal y como se los anticipé, estoy llegando.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
martes, 17 de enero de 2017
Yo también soy trending topic
Nuevo año occidental gregoriano en esta dimensión, en este planeta, en esta parte del globo. Yo, en medio de este convencionalismo espacio-temporal, estoy inmersa en mi propia perplejidad.
Leo hoy que Megan Fox (30 años) y Scarlett Johansson (32) se han sometido a múltiples cirugías estéticas para verse "bellas". Megan Fox, por ejemplo, se realizó cirugía de párpados, operación de nariz, implantes de pómulos, implantes de senos, aplicación de botox, rellenos de rejuvenecimiento cutáneo con láser e inyecciones en los labios; además de someterse a un "estricto tratamiento para adelgazar".
Aunque sé que los parámetros de belleza son culturales (aprovecho para hacerles saber que yo soy una top model del Renacimiento, por si no lo sabían) y en sí mismos son nuestros rotuladores y etiquetadores, creo que no estoy terminando de entender o me estoy perdiendo de algo. En el parámetro de la segunda década del siglo XXI, Megan Fox y Scarlett Johansson son dos mujeres bellas.
No, bellas no. BELLÍSIMAS.
Sin embargo, creo que nosotros como parte de esta sociedad occidental decimos, decidimos y definimos qué es bello y qué no en esta cultura que nos alberga, perdiéndonos del universo personal de estas dos mujeres. No recuerdo haber leído en algún lado que ellas se consideran hermosas según nuestro parámetro cultural. Y, siendo mi creencia que a lo largo de nuestros días de vida intentamos ser cada vez más nosotros mismos, siento que de a poco y mayormente sin mala intención podemos estar empujándolas a que ellas sean cada vez más "ellas mismas" de una manera para nada saludable (mi opinión, eh) al punto de que pasado el tiempo podemos llegar a decir "¿¡De verdad es ella!?", como en el caso de Meg Ryan (55), Demi Moore (54) o Reneé Zellweger (47), mujeres que se han modificado hasta parecer...otras personas distintas de ellas mismas.
En otra nota leo que una joven estadounidense de 22 años, después de y gracias a someterse a diversas intervenciones quirúrgicas, llega ahora a los dos millones de seguidores en Instagram por lo que se siente "feliz y realizada".
Entonces pienso también en las redes sociales como este blog, o Facebook, Instagram, Pinterest, Twitter, Snapchat, Tumblr...y la lista sigue. Cada una de ellas con un fin, cada una de ellas entrando en nuestra intimidad, a veces sin nuestro consentimiento. ¿Cuántas veces han aparecido ustedes y con suerte han sido etiquetados en fotos, incluso sin saber que se las estaban tomando?.
Ahora los "anónimos" también podemos ser trending topic.
No creo aportar novedad con lo que nombro y estoy pensando. Por favor, créanme que ni siquiera lo digo desde un lugar crítico o juzgador. Aún así, en mi perplejidad, enlazo con nuestras propias dinámicas internas y externas, con el entre-lazamiento de nuestra capacidad de adaptación al entorno y la rigidez de nuestra estructura personal en términos tal y como lo conciben los ingenieros: una medida cualitativa de la resistencia (¿resiliencia?) a las deformaciones elásticas (¿condicionamientos?) producidas por un material (¿sociedad? ¿cultura?) que contempla la capacidad de un elemento estructural (¿nosotros?) para soportar esfuerzos sin adquirir grandes deformaciones.
Leo hoy que Megan Fox (30 años) y Scarlett Johansson (32) se han sometido a múltiples cirugías estéticas para verse "bellas". Megan Fox, por ejemplo, se realizó cirugía de párpados, operación de nariz, implantes de pómulos, implantes de senos, aplicación de botox, rellenos de rejuvenecimiento cutáneo con láser e inyecciones en los labios; además de someterse a un "estricto tratamiento para adelgazar".
Megan Fox, antes y después...
Aunque sé que los parámetros de belleza son culturales (aprovecho para hacerles saber que yo soy una top model del Renacimiento, por si no lo sabían) y en sí mismos son nuestros rotuladores y etiquetadores, creo que no estoy terminando de entender o me estoy perdiendo de algo. En el parámetro de la segunda década del siglo XXI, Megan Fox y Scarlett Johansson son dos mujeres bellas.
No, bellas no. BELLÍSIMAS.
Rotuladora Sylvapen
Sin embargo, creo que nosotros como parte de esta sociedad occidental decimos, decidimos y definimos qué es bello y qué no en esta cultura que nos alberga, perdiéndonos del universo personal de estas dos mujeres. No recuerdo haber leído en algún lado que ellas se consideran hermosas según nuestro parámetro cultural. Y, siendo mi creencia que a lo largo de nuestros días de vida intentamos ser cada vez más nosotros mismos, siento que de a poco y mayormente sin mala intención podemos estar empujándolas a que ellas sean cada vez más "ellas mismas" de una manera para nada saludable (mi opinión, eh) al punto de que pasado el tiempo podemos llegar a decir "¿¡De verdad es ella!?", como en el caso de Meg Ryan (55), Demi Moore (54) o Reneé Zellweger (47), mujeres que se han modificado hasta parecer...otras personas distintas de ellas mismas.
Reneé Zellweger, antes y después...
(confieso que si la cruzo en la calle, no la reconozco)
En otra nota leo que una joven estadounidense de 22 años, después de y gracias a someterse a diversas intervenciones quirúrgicas, llega ahora a los dos millones de seguidores en Instagram por lo que se siente "feliz y realizada".
Entonces pienso también en las redes sociales como este blog, o Facebook, Instagram, Pinterest, Twitter, Snapchat, Tumblr...y la lista sigue. Cada una de ellas con un fin, cada una de ellas entrando en nuestra intimidad, a veces sin nuestro consentimiento. ¿Cuántas veces han aparecido ustedes y con suerte han sido etiquetados en fotos, incluso sin saber que se las estaban tomando?.
Ahora los "anónimos" también podemos ser trending topic.
No creo aportar novedad con lo que nombro y estoy pensando. Por favor, créanme que ni siquiera lo digo desde un lugar crítico o juzgador. Aún así, en mi perplejidad, enlazo con nuestras propias dinámicas internas y externas, con el entre-lazamiento de nuestra capacidad de adaptación al entorno y la rigidez de nuestra estructura personal en términos tal y como lo conciben los ingenieros: una medida cualitativa de la resistencia (¿resiliencia?) a las deformaciones elásticas (¿condicionamientos?) producidas por un material (¿sociedad? ¿cultura?) que contempla la capacidad de un elemento estructural (¿nosotros?) para soportar esfuerzos sin adquirir grandes deformaciones.
Me encantaría preguntarle a estas mujeres qué sienten, cómo se sienten, qué piensan. Tal vez ahora se ven tal y como lo desearon. Si es así, bienvenidos esos cambios que permitieron que se transformaran en lo que en verdad anhelaban sin importar lo que nosotros pensamos. Si están sufriendo porque la imagen interna que acaban teniendo de sí no coincide como para vivir plenamente su manifestación física tal y como va siendo, me pregunto en qué estoy yo contribuyendo como ojo observador a esa deformación de sus existencias.
(A propósito...sólo tengo seis seguidores en este blog...
¿¡Significará esto que no existo...!?)
¿¡Significará esto que no existo...!?)
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
sábado, 24 de diciembre de 2016
La chica danesa, Brad Pitt, mi tortuga, la Navidad y yo.
1.
Tarde en la noche de la víspera de la víspera de Navidad. Este es el día en el que comienzo - con tropiezos de toda índole- a escribir no-sé-bien-qué, mirando "La chica danesa", fascinada con Eddie Redmayne y admirada por la vida de Lily Elbe. Me encuentro llena de preguntas que no estoy tan dispuesta a responder en voz alta porque cada respuesta es condicionante de la multiplicidad de opciones que se despliegan en mi organismo.
Sigo sorprendiéndome con la facilidad y la habilidad con la que las personas nos empeñamos en complicarnos la vida...y complicársela al resto de los mortales. Ser quienes somos, sentir lo que sentimos, pensar lo que pensamos lo rotulamos, muchas veces, de "inadecuado", "inapropiado", "incómodo", "inmoral"...inhumano. Nos jugamos la vida para ser quienes no somos, nos convertimos en "otros" para poder ser aceptados y recibidos y así, convocamos a la infelicidad como habitante cotidiano de nuestras vidas.
Eso sí: después nos pasamos nuestros días buscando recetas para ser felices.
2.
Víspera de Navidad. Suena el despertador temprano como cada sábado para el inicio de mis tareas y trabajo. En ese instante que se halla entre el sueño y la vigilia descubro que estoy soñando con Brad Pitt. Sí...mis sueños suelen convocar a algún famoso, no sé bien por qué. ¡Supongo que un psicoanalista se haría un festín con ellos! (Mis sueños digo. No sé si con los famosos...)
Brad Pitt está en su pueblo natal...¡al norte de la provincia de Santa Fe! Su casa, pulcra, humilde y precaria; él, en absoluta soledad. Una biblioteca que habla de su paso por la universidad estudiando un par de años de kinesiología, un mobiliario austero que da cuenta de su origen tan antagónico e inesperado con respecto a su ¿destino? popular y famosamente conocido. Yo, en viaje con una de sus amigas, Cate Blanchett (ahí va otra persona famosa), para visitarlo. Él está muy mal. Él está devastado, aniquilado, muerto en vida. Yo, sintiendo una gran tristeza. Ciertamente, la belleza y el dinero no garantizan nada cuando nuestra humanidad duele y duela.
3.
Hoy celebramos en una parte importante del planeta un Nacimiento. EL Nacimiento. Y yo me pregunto como contracara: "¿y si hoy fuese mi último día de esta vida? ¿Estoy viviendo según mis posibilidades actuales?¿Qué estoy perdiéndome e imposibilitándome por orgullo, prejuicios, creencias, maneras inflexibles de mi persona, por ejemplo?"... Las preguntas siguen disparándose como con ametralladora en mi mente y mi cuerpo comienza a mostrar señales de varias cosas que parecen estar sucediendo en él.
Me re-descubro soliendo decir casi a diario lo que siento, lo que creo, lo que pienso, lo que percibo a quienes quiero, puedo y necesito decírselo, si es que quieren escucharlo y/o saberlo. Pero también tengo cosas para decir que aún no he dicho. Una parte de mí está enojada por no decir, de seguir callando para que otra parte no se vea expuesta y se sienta rechazada, no aceptada, no amada.
Pensando en el Nacimiento de hoy, siento escalofríos al saber con qué poca habitualidad nos podemos ofrecer Gracia, Misericordia y Amor a nosotros mismos y claro, a los demás. Pienso en las veces que mi incapacidad hasta el momento para cambiar mi aspecto físico, por ejemplo, fomenta mi frustración, dolor e impotencia y vuelve a mí la imagen de Brad Pitt en mis sueños, doliéndole las entrañas por el desamor. Sé que él estaba feliz de vernos allí a Cate Blanchett y a mí yendo a visitarlo en sus orígenes, no importándonos si es lindo o feo, si es rico o pobre, simplemente queriendo estar acompañándolo con amor. Sé también que yo no podía creer en mis sueños que Brad Pitt me aceptara a mí en su casa, ¡él! tan lindo y deseado. Allí, otra vez el dolor en las entrañas por el desamor pero esta vez...en las mías.
No invalido ver mis faltas, no invalido sentir mis dolores, no invalido saber que esos son carteles en mi camino para seguir aprendiendo de mí y seguir creciendo. Lo que me duele más de mí, de Brad Pitt, de la chica danesa, es nuestra insistencia en el desamor para mutilarnos en nuestra humanidad. Callar a los otros y a nosotros aquello que necesitamos, no decir, silenciar no sólo nuestras necesidades sino también nuestra infinita capacidad de amar. Ir por la vida viviéndonos incoherentemente, no apreciar y validar nuestros hermosos y singulares matices, a veces no jugarnos por el otro pero, fundamentalmente, no jugarnos por nosotros. Si hoy fuese mi último día, una parte de mí se siente feliz y realizada mientras otra parte está dolida y silenciada por el desamor.
¿Estoy demostrándole a aquellos que amo, de manera cariñosa, potenciadora y manifiesta, que los amo? ¿O me conformo con asumir que "ya lo saben", que no son necesarias las expresiones explícitas y sutiles? ¿Me permito mostrar mi enojo para ir al encuentro, y no al desencuentro, de aquella/s persona/s que despierta/n ese sentimiento en mí? ¿Ejerzo mi valentía para hacer esa jugada que sé que me acerca a mi felicidad presente o para aceptar que por el momento no puedo ser "así de valiente"? ¿Me tomo instantes durante el día para atenderme, para estar atenta a mí misma y a mis universos a ver si logro detectar qué me gustaría ajustar para sentirme más plena? ¿O me dejo llevar por lo cotidiano y me entrego a ser fagocitada hasta olvidarme de mi bello ser, perdiéndome de mí y de los otros?
Los días pasan. Hoy es un día más de actividad para mí aunque esta fecha diga que estoy viviendo una nueva víspera de un cumpleaños significativo. Elijo conectarme con el recordatorio de que este Cumpleaños más que requerir de mí que compre regalos, hace dos mil dieciseis años vino a traernos muchos "presentes" olvidados por nosotros: la esperanza en nosotros, la confianza en que sí podemos, la luz en nuestro camino, la misericordia, el perdón, la aceptación fundacional, el amor incondicional...el estar Presentes. Si voy a celebrar y festejar este Cumpleaños espero recordar que los Presentes que trae no son para que los disfrute sólo el 24 y el 25 de diciembre sino el resto del año calendario gregoriano.
¡Ah! Y no importa a qué religión adhiero, de qué modo me acerco a la espiritualidad, en qué creo o no. Una amiga judía una vez me dijo que en su casa se celebraba la Navidad como signo de respeto a las creencias del país que había cobijado a sus abuelos escapando del Holocausto, por lo que ellos celebraban agradeciendo con profundo amor la oportunidad de seguir viviendo para que ella pudiera existir. Hace un rato, cuando puse la lechuga en el patio de baldosas de mi casa citadina para que mi tortuga casi centenaria comiese, me decía a mí misma que si ella tuviese la capacidad de abstracción tal vez me viese a mí como a su salvadora o su dios. Es irrelevante, si vamos al caso. Ella confía en que su alimento aparece a diario, confía en ser abastecida y sostenida. Confía. Y ya lleva casi un siglo de vida confiando en que en su universo, "alguien" abastece.
Nosotros, los humanos, solemos darle a eso el nombre -entre otros- de Fe.
4.
Uf...qué texto largo. La chica danesa, Brad Pitt, mi tortuga, la Navidad y yo con mis preguntas que, por cierto, no están requiriendo de respuestas. Mis preguntas me abren puertas de revisión fluida y me ayudan a flexibilizar estructuras. Mis preguntas son aliadas en mi (auto)exploración.
Si hoy es mi último día sepan que, entre otras muchas cosas que mantendré en mi intimidad, agradezco con alegría manifiesta que Ustedes estén allí, leyendo esto, con interés, con aburrimiento, con ganas, con cuestionamientos, con razonamientos, con sensaciones, estando o no de acuerdo, con sus creencias, con sus ideas...así, como están: humanamente vivos.
Agradezco con alegría manifiesta que estén allí leyéndome con mis derroteros, mis delirios, mis potencias, mis impotencias, mis aciertos, mis equivocaciones, mis esfuerzos, mi interés, mi aburrimiento, mis ganas, mis no-ganas, mis cuestionamientos, mis razonamientos, mis sensaciones, estando o no de acuerdo, mis creencias, mis ideas, mis miedos...
Con mi humanidad.
Les deseo una buena Nochebuena y una sentida Navidad, si creen en el Nacimiento que celebramos hoy.
Y si no creen, les deseo que reciban tantos Presentes llenos de amor incondicional y aceptación fundacional de sus existencias y las de otros como respiraciones en sus días.
GRACIAS.
P.S.: Y Gracias porque, en el interés y amor que Ustedes prodigan, este blog ya superó las siete mil visualizaciones. ¡GRACIAS infinitas!
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Tarde en la noche de la víspera de la víspera de Navidad. Este es el día en el que comienzo - con tropiezos de toda índole- a escribir no-sé-bien-qué, mirando "La chica danesa", fascinada con Eddie Redmayne y admirada por la vida de Lily Elbe. Me encuentro llena de preguntas que no estoy tan dispuesta a responder en voz alta porque cada respuesta es condicionante de la multiplicidad de opciones que se despliegan en mi organismo.
Sigo sorprendiéndome con la facilidad y la habilidad con la que las personas nos empeñamos en complicarnos la vida...y complicársela al resto de los mortales. Ser quienes somos, sentir lo que sentimos, pensar lo que pensamos lo rotulamos, muchas veces, de "inadecuado", "inapropiado", "incómodo", "inmoral"...inhumano. Nos jugamos la vida para ser quienes no somos, nos convertimos en "otros" para poder ser aceptados y recibidos y así, convocamos a la infelicidad como habitante cotidiano de nuestras vidas.
Eso sí: después nos pasamos nuestros días buscando recetas para ser felices.
2.
Víspera de Navidad. Suena el despertador temprano como cada sábado para el inicio de mis tareas y trabajo. En ese instante que se halla entre el sueño y la vigilia descubro que estoy soñando con Brad Pitt. Sí...mis sueños suelen convocar a algún famoso, no sé bien por qué. ¡Supongo que un psicoanalista se haría un festín con ellos! (Mis sueños digo. No sé si con los famosos...)
Brad Pitt está en su pueblo natal...¡al norte de la provincia de Santa Fe! Su casa, pulcra, humilde y precaria; él, en absoluta soledad. Una biblioteca que habla de su paso por la universidad estudiando un par de años de kinesiología, un mobiliario austero que da cuenta de su origen tan antagónico e inesperado con respecto a su ¿destino? popular y famosamente conocido. Yo, en viaje con una de sus amigas, Cate Blanchett (ahí va otra persona famosa), para visitarlo. Él está muy mal. Él está devastado, aniquilado, muerto en vida. Yo, sintiendo una gran tristeza. Ciertamente, la belleza y el dinero no garantizan nada cuando nuestra humanidad duele y duela.
Hoy celebramos en una parte importante del planeta un Nacimiento. EL Nacimiento. Y yo me pregunto como contracara: "¿y si hoy fuese mi último día de esta vida? ¿Estoy viviendo según mis posibilidades actuales?¿Qué estoy perdiéndome e imposibilitándome por orgullo, prejuicios, creencias, maneras inflexibles de mi persona, por ejemplo?"... Las preguntas siguen disparándose como con ametralladora en mi mente y mi cuerpo comienza a mostrar señales de varias cosas que parecen estar sucediendo en él.
Me re-descubro soliendo decir casi a diario lo que siento, lo que creo, lo que pienso, lo que percibo a quienes quiero, puedo y necesito decírselo, si es que quieren escucharlo y/o saberlo. Pero también tengo cosas para decir que aún no he dicho. Una parte de mí está enojada por no decir, de seguir callando para que otra parte no se vea expuesta y se sienta rechazada, no aceptada, no amada.
Pensando en el Nacimiento de hoy, siento escalofríos al saber con qué poca habitualidad nos podemos ofrecer Gracia, Misericordia y Amor a nosotros mismos y claro, a los demás. Pienso en las veces que mi incapacidad hasta el momento para cambiar mi aspecto físico, por ejemplo, fomenta mi frustración, dolor e impotencia y vuelve a mí la imagen de Brad Pitt en mis sueños, doliéndole las entrañas por el desamor. Sé que él estaba feliz de vernos allí a Cate Blanchett y a mí yendo a visitarlo en sus orígenes, no importándonos si es lindo o feo, si es rico o pobre, simplemente queriendo estar acompañándolo con amor. Sé también que yo no podía creer en mis sueños que Brad Pitt me aceptara a mí en su casa, ¡él! tan lindo y deseado. Allí, otra vez el dolor en las entrañas por el desamor pero esta vez...en las mías.
No invalido ver mis faltas, no invalido sentir mis dolores, no invalido saber que esos son carteles en mi camino para seguir aprendiendo de mí y seguir creciendo. Lo que me duele más de mí, de Brad Pitt, de la chica danesa, es nuestra insistencia en el desamor para mutilarnos en nuestra humanidad. Callar a los otros y a nosotros aquello que necesitamos, no decir, silenciar no sólo nuestras necesidades sino también nuestra infinita capacidad de amar. Ir por la vida viviéndonos incoherentemente, no apreciar y validar nuestros hermosos y singulares matices, a veces no jugarnos por el otro pero, fundamentalmente, no jugarnos por nosotros. Si hoy fuese mi último día, una parte de mí se siente feliz y realizada mientras otra parte está dolida y silenciada por el desamor.
¿Estoy demostrándole a aquellos que amo, de manera cariñosa, potenciadora y manifiesta, que los amo? ¿O me conformo con asumir que "ya lo saben", que no son necesarias las expresiones explícitas y sutiles? ¿Me permito mostrar mi enojo para ir al encuentro, y no al desencuentro, de aquella/s persona/s que despierta/n ese sentimiento en mí? ¿Ejerzo mi valentía para hacer esa jugada que sé que me acerca a mi felicidad presente o para aceptar que por el momento no puedo ser "así de valiente"? ¿Me tomo instantes durante el día para atenderme, para estar atenta a mí misma y a mis universos a ver si logro detectar qué me gustaría ajustar para sentirme más plena? ¿O me dejo llevar por lo cotidiano y me entrego a ser fagocitada hasta olvidarme de mi bello ser, perdiéndome de mí y de los otros?
(Pintura de Kasimir Malevich,
"Realismo pictórico de una campesina en dos dimensiones".
Para desafiar constructos...)
Los días pasan. Hoy es un día más de actividad para mí aunque esta fecha diga que estoy viviendo una nueva víspera de un cumpleaños significativo. Elijo conectarme con el recordatorio de que este Cumpleaños más que requerir de mí que compre regalos, hace dos mil dieciseis años vino a traernos muchos "presentes" olvidados por nosotros: la esperanza en nosotros, la confianza en que sí podemos, la luz en nuestro camino, la misericordia, el perdón, la aceptación fundacional, el amor incondicional...el estar Presentes. Si voy a celebrar y festejar este Cumpleaños espero recordar que los Presentes que trae no son para que los disfrute sólo el 24 y el 25 de diciembre sino el resto del año calendario gregoriano.
¡Ah! Y no importa a qué religión adhiero, de qué modo me acerco a la espiritualidad, en qué creo o no. Una amiga judía una vez me dijo que en su casa se celebraba la Navidad como signo de respeto a las creencias del país que había cobijado a sus abuelos escapando del Holocausto, por lo que ellos celebraban agradeciendo con profundo amor la oportunidad de seguir viviendo para que ella pudiera existir. Hace un rato, cuando puse la lechuga en el patio de baldosas de mi casa citadina para que mi tortuga casi centenaria comiese, me decía a mí misma que si ella tuviese la capacidad de abstracción tal vez me viese a mí como a su salvadora o su dios. Es irrelevante, si vamos al caso. Ella confía en que su alimento aparece a diario, confía en ser abastecida y sostenida. Confía. Y ya lleva casi un siglo de vida confiando en que en su universo, "alguien" abastece.
Nosotros, los humanos, solemos darle a eso el nombre -entre otros- de Fe.
4.
Uf...qué texto largo. La chica danesa, Brad Pitt, mi tortuga, la Navidad y yo con mis preguntas que, por cierto, no están requiriendo de respuestas. Mis preguntas me abren puertas de revisión fluida y me ayudan a flexibilizar estructuras. Mis preguntas son aliadas en mi (auto)exploración.
Si hoy es mi último día sepan que, entre otras muchas cosas que mantendré en mi intimidad, agradezco con alegría manifiesta que Ustedes estén allí, leyendo esto, con interés, con aburrimiento, con ganas, con cuestionamientos, con razonamientos, con sensaciones, estando o no de acuerdo, con sus creencias, con sus ideas...así, como están: humanamente vivos.
Agradezco con alegría manifiesta que estén allí leyéndome con mis derroteros, mis delirios, mis potencias, mis impotencias, mis aciertos, mis equivocaciones, mis esfuerzos, mi interés, mi aburrimiento, mis ganas, mis no-ganas, mis cuestionamientos, mis razonamientos, mis sensaciones, estando o no de acuerdo, mis creencias, mis ideas, mis miedos...
Con mi humanidad.
Les deseo una buena Nochebuena y una sentida Navidad, si creen en el Nacimiento que celebramos hoy.
Y si no creen, les deseo que reciban tantos Presentes llenos de amor incondicional y aceptación fundacional de sus existencias y las de otros como respiraciones en sus días.
GRACIAS.
P.S.: Y Gracias porque, en el interés y amor que Ustedes prodigan, este blog ya superó las siete mil visualizaciones. ¡GRACIAS infinitas!
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
viernes, 25 de noviembre de 2016
El latido del tiempo
Hace al menos un mes y medio que siento operando en mí un cambio que parece ser natural. ¿Qué es natural? ¿Acaso todo lo que proviene de mí, lo que elijo, lo que creo que no elijo, lo que privilegio, lo que postergo, no es también parte de la naturalidad de mi devenir?
En la primera semana completa de noviembre contacté con el centro de mi galaxia, lo más "yo" de "mí". O al menos es lo que creo que eso es hoy. En este devenir, sé que este "yo" de "mí" mutará. De hecho eso espero, porque ese "yo" de "mí" es lo que creo que se mantiene estático e inmutable desde que recuerdo y yo recuerdo desde mucho (no, no...no me olvidé el "hace").
Viajar por el tiempo, a través del tiempo, a lo largo del tiempo no es algo que esté reservado sólo para la ciencia ficción. Yo estoy abocada a viajes temporales y es algo que recomiendo como medida de facilitación e ingreso al autoconocimiento. Lo que a mí me resulta interesante es que no viajo solamente con mis ideas y pensamientos, mis emociones y sensaciones, sino con mi existencia tal y como la conozco. Poder darme cuenta de la multidimensionalidad, las capas y los niveles de mi estar está abriéndome puertas a este y otros mundos simultáneos, aquí y ahora.
¿Quién puede decir que en estos momentos no están sucediéndole cosas en su vida? Sin ánimo de generalizar, creo que si paro a una persona en cualquier calle o camino del planeta, en cualquier momento y le pregunto: "¿Qué creés que está pasando ahora en tu vida?" la respuesta "Nada" -aunque posible, claro- supongo que sería más automática que pensada y, si pensada, la más improbable. Situaciones laborales, románticas, familiares, sociales, culturales, existenciales nos atraviesan, nos estemos dando cuenta de ello o no. Y ¿qué pasa cuando pasado, presente y futuro se unen en ese instante, de modo consciente, para hacerme saber que las posibilidades frente a mí, EN MÍ, son infinitas...?
El vértigo de poder elegir entre tantas (¿ilimitadas?) posibilidades me aturde.
A veces, no siempre...
El centro de mi galaxia está latiendo, bregando por expandirse en un big bang de potencialidades impensables, más allá de mi razón, trascendiendo las fronteras comprensibles y aprehensibles de mi intelecto. Aún así, mi centro late, mi centro está recuperando energía que está y/o estaba atrapada en otros niveles, ya caducos. O mejor dicho, en otros niveles creados para almacenar temporariamente esa energía destinada desde el inicio a mi centro pero que sufrió un desvío inesperado tiempos ha.
Tiempos ha.
Ya es tiempo de que sean devueltos a su destino de origen. Gracias por los invalorables servicios prestados.
Mientras tanto...
- vivía caminando desvíos que creí que eran el camino principal,
- vivía transitando caminos que se esfuerzan por volverme al cauce original, al que estaba destinado a ser y no fue, que todavía es, aunque inmaduro, detenido, frío y escarchado en este momento,
- vivir para descubrir que todos los desvíos son intentos por resucitar mi "yo" de "mí".
Mientras tanto...
- vivir para llenar el cauce con toda la fuerza de la energía almacenada en otros niveles,
- vivir para saber que esos desvíos tienen un sentido valioso,
- vivir para saber que tiene sentido reencauzar,
- vivir para plenificarme, ramificarme, explosionarme, fisionarme, confluirme, fusionarme, reintegrarme, transmutarme.
Vivir.
El tiempo no se pierde, al tiempo no lo pierdo. Yo lo creo. Lo genero. Puedo adelantarlo en ansiedad, puedo retrasarlo en nostalgia y melancolía, puedo rebobinarlo en recuerdos de distintas cualidades.
Puedo cambiarlo.
Puedo hacer que lo que sucedió ya no sucedió, y viceversa.
Puedo ser la otra versión de mí...No, esa no...la otra, la que está allá.
O mejor aún...la que está hoy, acá.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
En la primera semana completa de noviembre contacté con el centro de mi galaxia, lo más "yo" de "mí". O al menos es lo que creo que eso es hoy. En este devenir, sé que este "yo" de "mí" mutará. De hecho eso espero, porque ese "yo" de "mí" es lo que creo que se mantiene estático e inmutable desde que recuerdo y yo recuerdo desde mucho (no, no...no me olvidé el "hace").
Viajar por el tiempo, a través del tiempo, a lo largo del tiempo no es algo que esté reservado sólo para la ciencia ficción. Yo estoy abocada a viajes temporales y es algo que recomiendo como medida de facilitación e ingreso al autoconocimiento. Lo que a mí me resulta interesante es que no viajo solamente con mis ideas y pensamientos, mis emociones y sensaciones, sino con mi existencia tal y como la conozco. Poder darme cuenta de la multidimensionalidad, las capas y los niveles de mi estar está abriéndome puertas a este y otros mundos simultáneos, aquí y ahora.
¿Quién puede decir que en estos momentos no están sucediéndole cosas en su vida? Sin ánimo de generalizar, creo que si paro a una persona en cualquier calle o camino del planeta, en cualquier momento y le pregunto: "¿Qué creés que está pasando ahora en tu vida?" la respuesta "Nada" -aunque posible, claro- supongo que sería más automática que pensada y, si pensada, la más improbable. Situaciones laborales, románticas, familiares, sociales, culturales, existenciales nos atraviesan, nos estemos dando cuenta de ello o no. Y ¿qué pasa cuando pasado, presente y futuro se unen en ese instante, de modo consciente, para hacerme saber que las posibilidades frente a mí, EN MÍ, son infinitas...?
El vértigo de poder elegir entre tantas (¿ilimitadas?) posibilidades me aturde.
A veces, no siempre...
El centro de mi galaxia está latiendo, bregando por expandirse en un big bang de potencialidades impensables, más allá de mi razón, trascendiendo las fronteras comprensibles y aprehensibles de mi intelecto. Aún así, mi centro late, mi centro está recuperando energía que está y/o estaba atrapada en otros niveles, ya caducos. O mejor dicho, en otros niveles creados para almacenar temporariamente esa energía destinada desde el inicio a mi centro pero que sufrió un desvío inesperado tiempos ha.
Tiempos ha.
Ya es tiempo de que sean devueltos a su destino de origen. Gracias por los invalorables servicios prestados.
Mientras tanto...
- vivía caminando desvíos que creí que eran el camino principal,
- vivía transitando caminos que se esfuerzan por volverme al cauce original, al que estaba destinado a ser y no fue, que todavía es, aunque inmaduro, detenido, frío y escarchado en este momento,
- vivir para descubrir que todos los desvíos son intentos por resucitar mi "yo" de "mí".
Mientras tanto...
- vivir para llenar el cauce con toda la fuerza de la energía almacenada en otros niveles,
- vivir para saber que esos desvíos tienen un sentido valioso,
- vivir para saber que tiene sentido reencauzar,
- vivir para plenificarme, ramificarme, explosionarme, fisionarme, confluirme, fusionarme, reintegrarme, transmutarme.
Vivir.
El tiempo no se pierde, al tiempo no lo pierdo. Yo lo creo. Lo genero. Puedo adelantarlo en ansiedad, puedo retrasarlo en nostalgia y melancolía, puedo rebobinarlo en recuerdos de distintas cualidades.
Puedo cambiarlo.
Puedo hacer que lo que sucedió ya no sucedió, y viceversa.
Puedo ser la otra versión de mí...No, esa no...la otra, la que está allá.
O mejor aún...la que está hoy, acá.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
viernes, 2 de septiembre de 2016
Frustración en mis universos
Comencé el día con una profunda sensación de frustración.
Durante la noche, en mis sueños, todos mis intentos por alcanzar lo que deseaba se veían malogrados. Mis propósitos, mis intenciones, eran dejados sin efecto o alguien se cruzaba en mi camino y, sin saberlo siquiera, se encargaba de privarme de aquello que tanto anhelaba.
Ya en mi estado de vigilia (me pregunto si es en su acepción de abstinencia...) estoy terminando el día sintiéndome de la misma manera. La frustración parece una puerta que da rienda suelta a mi enojo, a mi impotencia, a mis limitaciones y también a las limitaciones que el entorno presenta y me exceden. Esas variables que escapan de mi control.
Algunas personas suelen llamar a esas variables "vida".
Entonces aparece alguien que me dice que no me frustre. ¡Ojalá fuese así de fácil!
Hoy mi día, mi vida, tanto en sueño como en vigilia, se me presentan frustrantes.
Decido desde temprano no resistirme y entregarme a la sorpresa que las variables pueden presentarme. Algo de esa frustración efectivamente se disipa, pero no significa que desaparece. Ni bien recuerdo los propósitos coartados, las intenciones que quedan en eso, sólo intenciones, la imposibilidad de concreción de mis deseos...¡zas! cachetazo al alma, contacto con el entorno, revisión de mis caminos.
¿Adónde estoy yendo así?
¿Qué es lo que estoy aspirando lograr?
¿Qué, quién o quiénes, cómo y por qué impiden que lo logre? Porque, sépanlo: hay rostros, situaciones, circunstancias y detalles concretos que pueden responder a esas preguntas...
Y también estoy yo, respondiéndome que lo que siento no lo elijo. Siento lo que siento y ya. Es verdad, puedo modificarlo una vez que lo identifico, pero identificarlo no me está ayudando hoy a transformarlo en otra cosa más allá de lo que es.
Un cartelito muy "new age" se enciende en mi mente diciéndome que "si me lo propongo, todo lo logro".
Ok. Lo creo. Lo sé.
Pero no hoy.
Hoy me siento FRUS-TRA-DA.
Es interesante cómo esta emoción me ayuda a darme cuenta que tengo ganas de generar cambios sustanciales. Una forma de salir del enojo que me genero con la impotencia es moviéndome hacia otros lugares de mi existencia. "Si por este lado no puedo, seguro podré por otro."
No es lo mismo, lo sé, pero ¿qué importa? Ese cambio de rumbo puede ser uno de los puntos de inflexión de mi vida.
¿Les ha pasado de tener un punto de inflexión, una decisión que cambió el rumbo de sus vidas?
A mí sí. Por ejemplo (tomen aire...): en un momento de mi vida decidí que mientras estaba en espera de continuar con una materia en mi carrera de medicina, haría un curso de secretaria ejecutiva para no "perder el tiempo mientras tanto". Ese curso cambió el curso de mi vida: me conectó con alguien en el marketing bancario que me dió experiencia dentro el marketing que me abrió las puertas en la industria farmacéutica que posibilitó que me dedicara a los negocios y me desarrollara en áreas relacionadas que me llevaron a conocer a la persona que habría de susurrarme al oído por primera vez el nombre de la carrera que terminé siguiendo diecisiete años después, la cual me traería hasta este exacto momento.
En otra oportunidad decidí no irme a España para quedarme a desarrollar una potencial carrera profesional en el país, lo que me permitió estar cerca de mi madre en el momento de su repentina enfermedad y muerte.
O como cuando "me dejé convencer" de acompañar a la novia de un amigo a un viaje que yo no quería realizar, hace veintiún años, donde empezó la relación con quien hoy es mi pareja.
Me pregunto qué estaré haciendo en dimensiones paralelas a esta, en esas en las que las decisiones que tomé fueron no hacer el curso de secretaria, irme a España y/o no ir al viaje no deseado.
Pero sin importar qué estoy haciendo en esos mundos, sé que también hay días en los que, como hoy, siento una profunda frustración, tanto en mis sueños como en mi vigilia.
Porque de una u otra manera, no puedo recalibrar el compás de mi brújula sin días como el de hoy.
Estoy segura que estoy a punto de dar otro giro que marcará un nuevo punto de inflexión en mi existencia.
Al menos en esta dimensión, la misma en la que sus propias decisiones los han traido a estar leyendo esto que, aunque no sea memorable, original, interesante o sumatorio para ninguno de ustedes, al menos me está ayudando a no sentirme frustrada en mi intento de escribirlo.
Y porque en días como hoy siento que todas las Cyndis de todas las dimensiones y multiversos terminan confluyendo al permitirse sentir.
Así que...¿saben qué? Voy a seguir sintiéndome frustrada. Después de todo, parece que hoy es el día ideal para una hermosa reunión conmigo misma desde todos los rincones de mis existencias.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
sábado, 27 de agosto de 2016
Un largo, largo camino por recorrer
27 de agosto de 2016.
Sábado.
Llueve desde la madrugada.
Por momentos con tormentas eléctricas y cortinas de agua que no dejan ver más allá de unos poquísimos metros. Los dichos populares mencionan que el 30 de agosto "viene" la tormenta de Santa Rosa y que se puede dar unos días antes o unos días después.
Yo creo que esta tormenta es esa.
Temprano por la mañana salgo a trabajar. Por motivos que no vienen al caso, para las diez y cuarenta me libero.
Subo al auto pensando qué hacer. "Si el día estuviese lindo, pasearía", pienso mientras veo el agua caer trrencialmente sobre el capot. "No importa, tal vez pueda aprovechar y pasear igual..."
No me siento físicamente del todo bien. Ir a casa a descansar es una alternativa posible pero, por algún motivo, no deseo volver todavía. Siento fastidio y algo de enojo con el hecho de que el primer sábado verdaderamente libre en meses lo pase encerrada sola en casa. ¡Si hasta adelanté trabajo para poder disponer de la tarde y disfrutarla! No suelo darme por vencida con facilidad cuando me propongo algo.
Contacto a tres personas con quienes me gustaría compartir este ahora. Tal vez un desayuno, viendo juntos gente caminando bajo las últimas lluvias de invierno a través de algún ventanal. Pienso en barrios pintorescos, motivadores...Palermo, por ejemplo. Si bien tengo un par de propuestas interesantes, son para la tarde y sin horario fijo. ¡Todavía falta tanto!
Ninguna de esas personas está disponible. No puedo decir que siento frustración aunque sí desconcierto. Algo muy aniñado en mí siente que se perdió el camíón de los helados.
Pienso en ir a desayunar sola a una linda casa de té mientras puedo leer alguna revista. Contacto con mi necesidad de lectura liviana, de distracción, que me permita disfrutar del momento y aligerar la carga de mi mente...y mi alma.
Mi alma pesa en estos días. Mucho.
Sólo me quedo mirando a través del parabrisas sin saber qué hacer, hacia dónde ir, qué necesito...Me siento incierta y mi incertidumbre lo tiñe todo.
Casi una hora y media después sigo sentada en el auto, observando los movimientos de ese todo. Mi mente está a mil, uniendo puntos en este espacio que se fusionan con otros de otros espacios y otros tiempos. Estoy viajando sin rumbo por múltiples dimensiones.
Frenta a mí, una librería. En la esquina, la casa de té. A pocas cuadras, algunos amigos.
Nada parece poder generar la energía de tracción suficiente para que yo salga del letargo y la sensación en mí del tiempo que no es.
Desciendo del auto casi en automático. Entro a la librería y me pierdo allí durante casi una hora. Amo estar en esos lugares y, aún así nada de lo que veo llama mi atención lo suficiente como para seducirme. "Más de lo mismo", me digo mientras miro obras de Erich Fromm al lado de un libro de Jorge Rial y el Tao Te Ching contiguo al libro de Larry de Clay, "Sólo para bosteros". "La Biblia junto al calefón", diría Enrique Santos Discépolo.
Suena mi celular con la respuesta de una de las tres personas que sin saber nada de mi estar, se apiada de él -o de mí, no lo sé-. Ya es mediodía. La lluvia continúa incesante. Decido aceptar la visita a su casa y pasar un rato con alguien a quien valoro mucho.
Un par de horas y algunos cuantos mates después, salgo de aquella casa.
Todavía es temprano para una de las propuestas de la tarde y vuelvo a registrar mi estar sin estar. La radio, desde el amanecer, me regala canciones que hace mucho no escucho y me llevan a un pasado en el que yo era feliz sin ser muy consciente de ello. ("¿Estará sucediendo lo mismo hoy...?")
Vuelvo a dar algunas vueltas sin rumbo. Espero respuestas y manejo a baja velocidad para que me alcancen. Mis sentidos están hiperactivos. Pero las respuestas llegan en formas crípticas que aún no descifro.
Llego a casa. No me bajo del auto por al menos otra media hora.
Cuando finalmente entro, decido que "ya está", que puedo aflojar con tanto pensamiento y distraerme. ("¿Qué mejor que la tele para eso?")
Me encuentro con que la compañia de cable está actualizando remotamente el decodificador y, con el transcurrir de los minutos -muchos- que es mi decodificador el que no funciona.
Atención telefónica amable y rápida, paciencia del operador para que vayamos chequeando todo desde conexiones, botones, cables y accesos remotos para concluir que el aparato requiere de servicio técnico que no está disponible hasta el próximo martes. Al menos cuarenta y ocho horas sin la caja boba.
Me encuentro de pronto, en un día de tormenta, sola en casa, sin la posibilidad de distraerme y dejarme llevar por lo superficial. Hoy, que necesito como nunca algo que me distraiga de mí misma, todo parece llevarme en sentido contrario. Parece que el anhelo de respuestas es más fuerte de lo que yo misma creo.
Me siento a escribir este relato que se me antoja interminable, aburrido, tedioso, amorfo, insensato. Se agolpan sentimientos que vienen intentando mostrarse desde principios de mes: frustración, molestia, decepción, enojo, agobio, tristeza, inmovilidad, excitación, incertidumbre, inquietud, esperanza, alegría, agradecimiento, pasión, indiferencia...creo que el diccionario de sustantivos aplica casi completo.
En medio de todo eso o abarcándolo todo, yo, sin saber, sin entender. esperando sin esperar. Sin forzar. Sin-sentido pero todo-sentida.
Este relato lo escribo escuchando a Phil Collins de fondo. Él lo está diciendo mejor que yo. Yo, en cambio, soy una simple mortal tratando de encontrar el sentido al rumbo que está tomando mi vida.
Lo desee o no.
Hay cosas que, afortunadamente, escapan de mi control.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
"Long Long Way To Go"
Phill Collins
Sábado.
Llueve desde la madrugada.
Por momentos con tormentas eléctricas y cortinas de agua que no dejan ver más allá de unos poquísimos metros. Los dichos populares mencionan que el 30 de agosto "viene" la tormenta de Santa Rosa y que se puede dar unos días antes o unos días después.
Yo creo que esta tormenta es esa.
Temprano por la mañana salgo a trabajar. Por motivos que no vienen al caso, para las diez y cuarenta me libero.
Subo al auto pensando qué hacer. "Si el día estuviese lindo, pasearía", pienso mientras veo el agua caer trrencialmente sobre el capot. "No importa, tal vez pueda aprovechar y pasear igual..."
No me siento físicamente del todo bien. Ir a casa a descansar es una alternativa posible pero, por algún motivo, no deseo volver todavía. Siento fastidio y algo de enojo con el hecho de que el primer sábado verdaderamente libre en meses lo pase encerrada sola en casa. ¡Si hasta adelanté trabajo para poder disponer de la tarde y disfrutarla! No suelo darme por vencida con facilidad cuando me propongo algo.
Contacto a tres personas con quienes me gustaría compartir este ahora. Tal vez un desayuno, viendo juntos gente caminando bajo las últimas lluvias de invierno a través de algún ventanal. Pienso en barrios pintorescos, motivadores...Palermo, por ejemplo. Si bien tengo un par de propuestas interesantes, son para la tarde y sin horario fijo. ¡Todavía falta tanto!
Ninguna de esas personas está disponible. No puedo decir que siento frustración aunque sí desconcierto. Algo muy aniñado en mí siente que se perdió el camíón de los helados.
Pienso en ir a desayunar sola a una linda casa de té mientras puedo leer alguna revista. Contacto con mi necesidad de lectura liviana, de distracción, que me permita disfrutar del momento y aligerar la carga de mi mente...y mi alma.
Mi alma pesa en estos días. Mucho.
Sólo me quedo mirando a través del parabrisas sin saber qué hacer, hacia dónde ir, qué necesito...Me siento incierta y mi incertidumbre lo tiñe todo.
Casi una hora y media después sigo sentada en el auto, observando los movimientos de ese todo. Mi mente está a mil, uniendo puntos en este espacio que se fusionan con otros de otros espacios y otros tiempos. Estoy viajando sin rumbo por múltiples dimensiones.
Frenta a mí, una librería. En la esquina, la casa de té. A pocas cuadras, algunos amigos.
Nada parece poder generar la energía de tracción suficiente para que yo salga del letargo y la sensación en mí del tiempo que no es.
Desciendo del auto casi en automático. Entro a la librería y me pierdo allí durante casi una hora. Amo estar en esos lugares y, aún así nada de lo que veo llama mi atención lo suficiente como para seducirme. "Más de lo mismo", me digo mientras miro obras de Erich Fromm al lado de un libro de Jorge Rial y el Tao Te Ching contiguo al libro de Larry de Clay, "Sólo para bosteros". "La Biblia junto al calefón", diría Enrique Santos Discépolo.
Suena mi celular con la respuesta de una de las tres personas que sin saber nada de mi estar, se apiada de él -o de mí, no lo sé-. Ya es mediodía. La lluvia continúa incesante. Decido aceptar la visita a su casa y pasar un rato con alguien a quien valoro mucho.
Un par de horas y algunos cuantos mates después, salgo de aquella casa.
Todavía es temprano para una de las propuestas de la tarde y vuelvo a registrar mi estar sin estar. La radio, desde el amanecer, me regala canciones que hace mucho no escucho y me llevan a un pasado en el que yo era feliz sin ser muy consciente de ello. ("¿Estará sucediendo lo mismo hoy...?")
Vuelvo a dar algunas vueltas sin rumbo. Espero respuestas y manejo a baja velocidad para que me alcancen. Mis sentidos están hiperactivos. Pero las respuestas llegan en formas crípticas que aún no descifro.
Llego a casa. No me bajo del auto por al menos otra media hora.
Cuando finalmente entro, decido que "ya está", que puedo aflojar con tanto pensamiento y distraerme. ("¿Qué mejor que la tele para eso?")
Me encuentro con que la compañia de cable está actualizando remotamente el decodificador y, con el transcurrir de los minutos -muchos- que es mi decodificador el que no funciona.
Atención telefónica amable y rápida, paciencia del operador para que vayamos chequeando todo desde conexiones, botones, cables y accesos remotos para concluir que el aparato requiere de servicio técnico que no está disponible hasta el próximo martes. Al menos cuarenta y ocho horas sin la caja boba.
Me encuentro de pronto, en un día de tormenta, sola en casa, sin la posibilidad de distraerme y dejarme llevar por lo superficial. Hoy, que necesito como nunca algo que me distraiga de mí misma, todo parece llevarme en sentido contrario. Parece que el anhelo de respuestas es más fuerte de lo que yo misma creo.
Me siento a escribir este relato que se me antoja interminable, aburrido, tedioso, amorfo, insensato. Se agolpan sentimientos que vienen intentando mostrarse desde principios de mes: frustración, molestia, decepción, enojo, agobio, tristeza, inmovilidad, excitación, incertidumbre, inquietud, esperanza, alegría, agradecimiento, pasión, indiferencia...creo que el diccionario de sustantivos aplica casi completo.
En medio de todo eso o abarcándolo todo, yo, sin saber, sin entender. esperando sin esperar. Sin forzar. Sin-sentido pero todo-sentida.
Este relato lo escribo escuchando a Phil Collins de fondo. Él lo está diciendo mejor que yo. Yo, en cambio, soy una simple mortal tratando de encontrar el sentido al rumbo que está tomando mi vida.
Lo desee o no.
Hay cosas que, afortunadamente, escapan de mi control.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
"Long Long Way To Go"
Phill Collins
While I sit here trying to think of things to say
Someone lies bleeding in a field somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go
I've seen all I wanna see today
While I sit here trying to move you anyway I can
Someone's son lies dead in a gutter somewhere
And it would seem that we've got a long long way to go
But I can't take it anymore
Turn it off if you want to
Switch it off it will go away
Turn it off if you want to
Switch it off or look away
While I sit and we talk and talk and we talk some more
Someone's loved one's heart stops beating in a street somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go, I know
I've heard all I wanna hear today
Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off it will go away (switch it off it will go away)
Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off or look away (switch it off or look away)
Switch it off
Turn it off "
Someone lies bleeding in a field somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go
I've seen all I wanna see today
While I sit here trying to move you anyway I can
Someone's son lies dead in a gutter somewhere
And it would seem that we've got a long long way to go
But I can't take it anymore
Turn it off if you want to
Switch it off it will go away
Turn it off if you want to
Switch it off or look away
While I sit and we talk and talk and we talk some more
Someone's loved one's heart stops beating in a street somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go, I know
I've heard all I wanna hear today
Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off it will go away (switch it off it will go away)
Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off or look away (switch it off or look away)
Switch it off
Turn it off "
domingo, 10 de julio de 2016
Enlazando mundos
Desde ayer a la mañana estoy queriendo escribir algo. No hay manera, todo lo que inicio acaba siendo borrado por los mismos dedos que lo escriben.
Bueno...salvo esto, claro. Porque hasta acá, escribí...¿verdad?
La famosa contradicción entre la idea y el hecho, la mente y la acción.
¿Alguna vez sintieron que, aunque saben que todo tiene un sentido, ese mismo todo lo pierde de repente...?
Hace días que siento que estoy habitando múltiples planos y dimensiones. No puedo expresar cómo es para mí encontrarme con puntos de mi experiencia que parecían irreconciliables e inconexos, incluso que ni recordaba y/o sabía que estaban allí, combinándose y reconfigurándose para armar una nueva realidad. Una realidad que vuelve a mutar inesperadamente cuando regreso al estado de multiplicidad de dimensiones, repentinamente.
En esos instantes -porque son instantes- me lleno de sensaciones intensas, siento que me expando en mente, cuerpo y alma. Mi mundo ya no vuelve a ser el mismo.
Estoy cambiando.
"...todo es según el color del cristal con que se mira", decía el escritor y pensador español Ramón de Campoamor y Campoosorio.
Eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿por qué necesito explicar o expresar algo de estos mundos internos que están integrándose, cuestionándose, reconfigurándose? ¿A quién necesito explicar o expresar mi estado multidimensional? ¿Para qué? Alguien a quien admiro profundamente dijo anteayer algo que quedó rebotando en mi interior. Trataré de parafrasear lo dicho lo más cercanamente posible a como lo escuché: "Las cosas claras tiene una belleza especial para mí. Siento que lo claro es puro."
Tal vez por eso suelo encontrarme explicando las cosas. Me he acostumbrado, desde muy temprana edad, a escucharme en voz alta para aclarar mi estado interno con respecto a las personas, las situaciones, los vínculos. Solía confundirme en mi hipersensibilidad, en la profundidad de mi alma, quedar desconcertada ante tanta complejidad frente a cosas simples. Quizá porque soy hija única, quizá porque escuchándome me ayudaba a encontrarme a mí misma enmascarada y escondida entre tanta palabra para defenderme, no lo sé... (Heme aquí, ¡nuevamente tratando de explicar(me)!)
Hablar me ayuda a depurar parte del exceso, a librarme de lo innecesario, a llegar a lo que subyace de mí misma. Me da claridad. Y allí, en lo claro, hallo la belleza, la pureza...y la paz.
Escribir es una manera de hablarme en medio de un mundo que me resulta caótico y reencontrarme con quien voy siendo. Me ayuda a centarme.
Una de las tantas facetas constitutivas de mis múltiples dimensiones tiene que ver con mis sueños. Los nocturnos. Los del no-estado de vigilia. Sueño mucho, recuerdo mis sueños y ¡me encantan! Son vívidos, multicolores y reveladoramente llenos de sentido para mí, por supuesto.
En las últimas tres semanas he tenido una secuencia consecutiva de sueños increíbles, excepto que...son perfectamente creíbles y posibles. Hoy, al despertarme después de uno de esos sueños, leo esto por ahí: "La noche te recordará que los temores se inventaron para evitar que logres tus sueños".
Así pues, me levanto y empiezo a escribir(me), a hablar(me) para despojarme de palabras que siento que me enredan, me confunden, me esconden y activan mi temores.
Quizás este es el camino para comenzar a cumplir mis sueños...
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Bueno...salvo esto, claro. Porque hasta acá, escribí...¿verdad?
La famosa contradicción entre la idea y el hecho, la mente y la acción.
¿Alguna vez sintieron que, aunque saben que todo tiene un sentido, ese mismo todo lo pierde de repente...?
Hace días que siento que estoy habitando múltiples planos y dimensiones. No puedo expresar cómo es para mí encontrarme con puntos de mi experiencia que parecían irreconciliables e inconexos, incluso que ni recordaba y/o sabía que estaban allí, combinándose y reconfigurándose para armar una nueva realidad. Una realidad que vuelve a mutar inesperadamente cuando regreso al estado de multiplicidad de dimensiones, repentinamente.
En esos instantes -porque son instantes- me lleno de sensaciones intensas, siento que me expando en mente, cuerpo y alma. Mi mundo ya no vuelve a ser el mismo.
Estoy cambiando.
"...todo es según el color del cristal con que se mira", decía el escritor y pensador español Ramón de Campoamor y Campoosorio.
Eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿por qué necesito explicar o expresar algo de estos mundos internos que están integrándose, cuestionándose, reconfigurándose? ¿A quién necesito explicar o expresar mi estado multidimensional? ¿Para qué? Alguien a quien admiro profundamente dijo anteayer algo que quedó rebotando en mi interior. Trataré de parafrasear lo dicho lo más cercanamente posible a como lo escuché: "Las cosas claras tiene una belleza especial para mí. Siento que lo claro es puro."
Tal vez por eso suelo encontrarme explicando las cosas. Me he acostumbrado, desde muy temprana edad, a escucharme en voz alta para aclarar mi estado interno con respecto a las personas, las situaciones, los vínculos. Solía confundirme en mi hipersensibilidad, en la profundidad de mi alma, quedar desconcertada ante tanta complejidad frente a cosas simples. Quizá porque soy hija única, quizá porque escuchándome me ayudaba a encontrarme a mí misma enmascarada y escondida entre tanta palabra para defenderme, no lo sé... (Heme aquí, ¡nuevamente tratando de explicar(me)!)
Hablar me ayuda a depurar parte del exceso, a librarme de lo innecesario, a llegar a lo que subyace de mí misma. Me da claridad. Y allí, en lo claro, hallo la belleza, la pureza...y la paz.
Escribir es una manera de hablarme en medio de un mundo que me resulta caótico y reencontrarme con quien voy siendo. Me ayuda a centarme.
Una de las tantas facetas constitutivas de mis múltiples dimensiones tiene que ver con mis sueños. Los nocturnos. Los del no-estado de vigilia. Sueño mucho, recuerdo mis sueños y ¡me encantan! Son vívidos, multicolores y reveladoramente llenos de sentido para mí, por supuesto.
En las últimas tres semanas he tenido una secuencia consecutiva de sueños increíbles, excepto que...son perfectamente creíbles y posibles. Hoy, al despertarme después de uno de esos sueños, leo esto por ahí: "La noche te recordará que los temores se inventaron para evitar que logres tus sueños".
Así pues, me levanto y empiezo a escribir(me), a hablar(me) para despojarme de palabras que siento que me enredan, me confunden, me esconden y activan mi temores.
Quizás este es el camino para comenzar a cumplir mis sueños...
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
jueves, 9 de junio de 2016
Amorfológico
Llena de palabras en la oscuridad, ninguna parece aportar sentido a mis sentidos.
Es extraño sentirme una extraña en mi propio cuerpo. Nada de lo que diga, haga, piense o sienta parece importante.
Como si sólo algo transformador fuese valioso.
Sé que probablemente mi estar es ambiguo, abstracto, ambivalente, acariciante, acuciante y altisonante.
Sé que así como estoy puedo no interesarle a nadie. Tal vez, hasta puedo ser incomprensible, inasible e inabarcable.
Pero estoy siendo esta que estoy siendo.
Uno de mis mayores desafíos en este exacto momento es dejarme ser así. Después de todo, resguardarme es parte de la acostumbrada manera de adaptarme y, aunque la adaptación me ha salvado (y aún salva) la vida, a veces tampoco tengo claro para qué salvarla. Ni de qué.
Dejarme fluir implica en mí una tarea ciclópea permanente. Claro que nada de lo permanente permanece...
Paradójicamente harta de diatribas, me entregaré al anonimato del sinsentido y a la no-comprensión de aquellos que no sepan encontrar lo que aquí estoy mostrando; no por elitismo sino porque hoy, simplemente, no encuentro otra manera de mostrarme.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
Es extraño sentirme una extraña en mi propio cuerpo. Nada de lo que diga, haga, piense o sienta parece importante.
Como si sólo algo transformador fuese valioso.
Sé que probablemente mi estar es ambiguo, abstracto, ambivalente, acariciante, acuciante y altisonante.
Sé que así como estoy puedo no interesarle a nadie. Tal vez, hasta puedo ser incomprensible, inasible e inabarcable.
Pero estoy siendo esta que estoy siendo.
Uno de mis mayores desafíos en este exacto momento es dejarme ser así. Después de todo, resguardarme es parte de la acostumbrada manera de adaptarme y, aunque la adaptación me ha salvado (y aún salva) la vida, a veces tampoco tengo claro para qué salvarla. Ni de qué.
Dejarme fluir implica en mí una tarea ciclópea permanente. Claro que nada de lo permanente permanece...
Paradójicamente harta de diatribas, me entregaré al anonimato del sinsentido y a la no-comprensión de aquellos que no sepan encontrar lo que aquí estoy mostrando; no por elitismo sino porque hoy, simplemente, no encuentro otra manera de mostrarme.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
domingo, 8 de mayo de 2016
Los días contados
¿Alguna vez les pasó tener (y sentir) sus días contados...?
...¿hacia adelante o hacia atrás?
Cada siete años nuestro cuerpo se ha renovado completamente en su estructura celular. COMPLETAMENTE. Es decir que, cada siete años, somos LITERALMENTE una persona nueva. Yo sé que no tengo esto conscientemente presente, que tiendo a pensar que mi cuerpo se mueve, de manera biológica e inevitablemente independiente, hacia su propia decadencia.
También sé que me condiciono y determino en este pensamiento pero que mi espíritu no siente lo mismo.
Dependiendo del momento de nuestra existencia, podemos tener un sentido mayor o menor de finitud o infinitud. La edad, los sucesos, las vivencias, las estaciones del año, el día en que estamos parándonos, todo nos puede llevar a replantearnos hacia dónde estamos mirando y qué estamos contando...y contándonos.
Esta semana me topé con dos "anécdotas". La primera, en el cuestionario de un estudio de protocolo de investigación clínica se le preguntaba a un potencial paciente participante:
¿¡Qué!? ¡Jajajajaja! Inicialmente me reí mucho. Después me quedé penssando en qué estaría pensando quien realizó e incluyó esa pregunta en el cuestionario...
La segunda "anécdota" es muy distinta. Un amigo joven me dijo que un amigo de él, también joven, padece de leucemia. Esto lo conmocionó, lo dejó atónito y shockeado. Para mi sorpresa...a mí no. Porque ya me había conmocionado, quedado atónita y shockeada con otro caso similar cercano a mí hace casi un año.
Hoy me desperté pensando en los días, en el tiempo.
En mi tiempo y en mis días contados.
Me encontré perdida, me sentí latente, me necesito hacia adentro.
Me senté a escribir hace ya unos largos instantes frente a la ventana que trasluce un cielo nebuloso, la calle llena de hojas ocres que caen de los árboles y esta sensación en mi piel del frío no tan frío pero que anticipa aquel que ya se aproxima.
Otoño en el hemisferio sur. Para muchos aborígenes de distintas latitudes y regiones geográficas es la época crítica de los cambios. El calor disminuye, la luz comienza a alejarse, la naturaleza se prepara para la hibernación. Es tiempo de balance, donde el poder interior impulsa a proyectaros en un impulso que nos afecta, nos cambia y nos transforma. Nos preparamos para preservarnos y administrar la energía. Los vientos del otoño limpian y barren el suelo estas mismas hojas ocres que caen de los árboles, los vientos enfrían el aire. Nos reservarnos, nos conservarnos. Almacenamos los frutos del verano para poder seguir viviendo en el invierno que está ya a la vuelta de la esquina.
Pero este preservarons nos ayuda a fortalecernos lentamente, ayuda a nuestra alma a ir preparándose para descansar y capitalizar energía, anticipando la gran transformación que vendrá en primavera. Estamos en plena fuerza potencial, en pleno inicio de gestación de renacimiento personal.
El otoño nos recuerda que todo debe terminar para poder renacer.
Introspectiva, reflexiva, preservando mi energía, me preparo para dejar de contar mis días.
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados

...¿hacia adelante o hacia atrás?
Cada siete años nuestro cuerpo se ha renovado completamente en su estructura celular. COMPLETAMENTE. Es decir que, cada siete años, somos LITERALMENTE una persona nueva. Yo sé que no tengo esto conscientemente presente, que tiendo a pensar que mi cuerpo se mueve, de manera biológica e inevitablemente independiente, hacia su propia decadencia.
También sé que me condiciono y determino en este pensamiento pero que mi espíritu no siente lo mismo.
Dependiendo del momento de nuestra existencia, podemos tener un sentido mayor o menor de finitud o infinitud. La edad, los sucesos, las vivencias, las estaciones del año, el día en que estamos parándonos, todo nos puede llevar a replantearnos hacia dónde estamos mirando y qué estamos contando...y contándonos.
Esta semana me topé con dos "anécdotas". La primera, en el cuestionario de un estudio de protocolo de investigación clínica se le preguntaba a un potencial paciente participante:
"¿Ha tomado alguna medicación que haya derivado en su muerte?
Responda Sí o No."
¿¡Qué!? ¡Jajajajaja! Inicialmente me reí mucho. Después me quedé penssando en qué estaría pensando quien realizó e incluyó esa pregunta en el cuestionario...
La segunda "anécdota" es muy distinta. Un amigo joven me dijo que un amigo de él, también joven, padece de leucemia. Esto lo conmocionó, lo dejó atónito y shockeado. Para mi sorpresa...a mí no. Porque ya me había conmocionado, quedado atónita y shockeada con otro caso similar cercano a mí hace casi un año.
Hoy me desperté pensando en los días, en el tiempo.
En mi tiempo y en mis días contados.
Me encontré perdida, me sentí latente, me necesito hacia adentro.
Me senté a escribir hace ya unos largos instantes frente a la ventana que trasluce un cielo nebuloso, la calle llena de hojas ocres que caen de los árboles y esta sensación en mi piel del frío no tan frío pero que anticipa aquel que ya se aproxima.
Otoño en el hemisferio sur. Para muchos aborígenes de distintas latitudes y regiones geográficas es la época crítica de los cambios. El calor disminuye, la luz comienza a alejarse, la naturaleza se prepara para la hibernación. Es tiempo de balance, donde el poder interior impulsa a proyectaros en un impulso que nos afecta, nos cambia y nos transforma. Nos preparamos para preservarnos y administrar la energía. Los vientos del otoño limpian y barren el suelo estas mismas hojas ocres que caen de los árboles, los vientos enfrían el aire. Nos reservarnos, nos conservarnos. Almacenamos los frutos del verano para poder seguir viviendo en el invierno que está ya a la vuelta de la esquina.
Pero este preservarons nos ayuda a fortalecernos lentamente, ayuda a nuestra alma a ir preparándose para descansar y capitalizar energía, anticipando la gran transformación que vendrá en primavera. Estamos en plena fuerza potencial, en pleno inicio de gestación de renacimiento personal.
El otoño nos recuerda que todo debe terminar para poder renacer.
Introspectiva, reflexiva, preservando mi energía, me preparo para dejar de contar mis días.

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