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sábado, 27 de agosto de 2016

Un largo, largo camino por recorrer

27 de agosto de 2016.
Sábado.
Llueve desde la madrugada.
Por momentos con tormentas eléctricas y cortinas de agua que no dejan ver más allá de unos poquísimos metros. Los dichos populares mencionan que el 30 de agosto "viene" la tormenta de Santa Rosa y que se puede dar unos días antes o unos días después.

Yo creo que esta tormenta es esa.

Temprano por la mañana salgo a trabajar. Por motivos que no vienen al caso, para las diez y cuarenta me libero.

Subo al auto pensando qué hacer. "Si el día estuviese lindo, pasearía", pienso mientras veo el agua caer trrencialmente sobre el capot. "No importa, tal vez pueda aprovechar y pasear igual..."

No me siento físicamente del todo bien. Ir a casa a descansar es una alternativa posible pero, por algún motivo, no deseo volver todavía. Siento fastidio y algo de enojo con el hecho de que el primer sábado verdaderamente libre en meses lo pase encerrada sola en casa. ¡Si hasta adelanté trabajo para poder disponer de la tarde y disfrutarla! No suelo darme por vencida con facilidad cuando me propongo algo.

Contacto a tres personas con quienes me gustaría compartir este ahora. Tal vez un desayuno, viendo juntos gente caminando bajo las últimas lluvias de invierno a través de algún ventanal. Pienso en barrios pintorescos, motivadores...Palermo, por ejemplo. Si bien tengo un par de propuestas interesantes, son para la tarde y sin horario fijo. ¡Todavía falta tanto!

Ninguna de esas personas está disponible. No puedo decir que siento frustración aunque sí desconcierto. Algo muy aniñado en mí siente que se perdió el camíón de los helados.

Pienso en ir a desayunar sola a una linda casa de té mientras puedo leer alguna revista. Contacto con mi necesidad de lectura liviana, de distracción, que me permita disfrutar del momento y aligerar la carga de mi mente...y mi alma.

Mi alma pesa en estos días. Mucho.

Sólo me quedo mirando a través del parabrisas sin saber qué hacer, hacia dónde ir, qué necesito...Me siento incierta y mi incertidumbre lo tiñe todo.

Casi una hora y media después sigo sentada en el auto, observando los movimientos de ese todo. Mi mente está a mil, uniendo puntos en este espacio que se fusionan con otros de otros espacios y otros tiempos. Estoy viajando sin rumbo por múltiples dimensiones.

Frenta a mí, una librería. En la esquina, la casa de té. A pocas cuadras, algunos amigos.

Nada parece poder generar la energía de tracción suficiente para que yo salga del letargo y la sensación en mí del tiempo que no es.

Desciendo del auto casi en automático. Entro a la librería y me pierdo allí durante casi una hora. Amo estar en esos lugares y, aún así nada de lo que veo llama mi atención lo suficiente como para seducirme. "Más de lo mismo", me digo mientras miro obras de Erich Fromm al lado de un libro de Jorge Rial y el Tao Te Ching contiguo al libro de Larry de Clay, "Sólo para bosteros". "La Biblia junto al calefón", diría Enrique Santos Discépolo.

Suena mi celular con la respuesta de una de las tres personas que sin saber nada de mi estar, se apiada de él -o de mí, no lo sé-. Ya es mediodía. La lluvia continúa incesante. Decido aceptar la visita a su casa y pasar un rato con alguien a quien valoro mucho.

Un par de horas y algunos cuantos mates después, salgo de aquella casa.

Todavía es temprano para una de las propuestas de la tarde y vuelvo a registrar mi estar sin estar. La radio, desde el amanecer, me regala canciones que hace mucho no escucho y me llevan a un pasado en el que yo era feliz sin ser muy consciente de ello. ("¿Estará sucediendo lo mismo hoy...?")

Vuelvo a dar algunas vueltas sin rumbo. Espero respuestas y manejo a baja velocidad para que me alcancen. Mis sentidos están hiperactivos. Pero las respuestas llegan en formas crípticas que aún no descifro.

Llego a casa. No me bajo del auto por al menos otra media hora.

Cuando finalmente entro, decido que "ya está", que puedo aflojar con tanto pensamiento y distraerme. ("¿Qué mejor que la tele para eso?")

Me encuentro con que la compañia de cable está actualizando remotamente el decodificador y, con el transcurrir de los minutos -muchos- que es mi decodificador el que no funciona.

Atención telefónica amable y rápida, paciencia del operador para que vayamos chequeando todo desde conexiones, botones, cables y accesos remotos para concluir que el aparato requiere de servicio técnico que no está disponible hasta el próximo martes. Al menos cuarenta y ocho horas sin la caja boba.

Me encuentro de pronto, en un día de tormenta, sola en casa, sin la posibilidad de distraerme y dejarme llevar por lo superficial. Hoy, que necesito como nunca algo que me distraiga de mí misma, todo parece llevarme en sentido contrario. Parece que el anhelo de respuestas es más fuerte de lo que yo misma creo.

Me siento a escribir este relato que se me antoja interminable, aburrido, tedioso, amorfo, insensato. Se agolpan sentimientos que vienen intentando mostrarse desde principios de mes: frustración, molestia, decepción, enojo, agobio, tristeza, inmovilidad, excitación, incertidumbre, inquietud, esperanza, alegría, agradecimiento, pasión, indiferencia...creo que el diccionario de sustantivos aplica casi completo.

En medio de todo eso o abarcándolo todo, yo, sin saber, sin entender. esperando sin esperar. Sin forzar. Sin-sentido pero todo-sentida.

Este relato lo escribo escuchando a Phil Collins de fondo. Él lo está diciendo mejor que yo. Yo, en cambio, soy una simple mortal tratando de encontrar el sentido al rumbo que está tomando mi vida.

Lo desee o no.

Hay cosas que, afortunadamente, escapan de mi control.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados



"Long Long Way To Go"
Phill Collins
While I sit here trying to think of things to say
Someone lies bleeding in a field somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go
I've seen all I wanna see today

While I sit here trying to move you anyway I can
Someone's son lies dead in a gutter somewhere
And it would seem that we've got a long long way to go
But I can't take it anymore

Turn it off if you want to
Switch it off it will go away
Turn it off if you want to
Switch it off or look away

While I sit and we talk and talk and we talk some more
Someone's loved one's heart stops beating in a street somewhere
So it would seem we've still got a long long way to go, I know
I've heard all I wanna hear today

Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off it will go away (switch it off it will go away)
Turn it off if you want to (turn it off if you want to)
Switch it off or look away (switch it off or look away)

Switch it off
Turn it off "

jueves, 21 de enero de 2016

Loop interminable

Esto es más o menos así: había comenzado a escribir hace como ocho horas, un relato autodescriptivo de un estado de ánimo. La cosa iba tomando forma, además de velocidad, e iba cursando una dirección.

Un evento inesperado y agradable interrumpió mi tarea.

Ocho horas después -ahora- decido retomar aquel relato y, repentinamente, lo interrumpo, guardo el borrador y abro esta página para empezar a escribir algo diferente.

Me doy cuenta que en el relato original, el que guardé en borrador, estaba hablando de la incerteza de lo que acontece en el instante siguiente.

Je...fenómeno que se repite como en un loop interminable.

Hablar de lo precioso de cada instante me suena trillado. Sin embargo, hoy estoy apreciando eso de un modo particular, diferente. Hoy hice contacto con que desde hace aproximadamente un año y medio y en determinados momentos, mi presencia fluye con la sabiduría de conocer que cada segundo es irrepetible.

Y, en otros momentos, algo en mí contacta con la idea de inmortalidad absurda, como si tuviera aún mil años por delante para llevar a cabo todo lo que deseo hacer. A veces también con lo que tengo que hacer.

En los últimos cinco días he pasado por todos esos estados: una presencia tan plena como si el mañana no existiera, el dolor de la ausencia, la costumbre de lo cotidiano que me ayuda a "trivializar" la rutina, la grata sorpresa de encontrarme en un lugar para darme cuenta que no sé cómo llegué allí y el shock que me desestabiliza y me contacta con la tristeza.

Todos instantes. Todos momentos. Todos esos instantes y momentos representantes de la vida.

Mi vida.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados







jueves, 9 de julio de 2015

Círculo cromático

Atónito desde las sombras, desconocedor del día, inspiró profundo por primera vez.

El aire invadió sus pulmones y el mar de oxígeno lo ahogó. Gritó. Lloró. Su cara, roja de esfuerzo, provocó una ráfaga de sangre púrpura corriendo por sus vasos. El calor de su piel se transformó en transparente sudor frío.

Abrió los ojos lentamente y los colores invadieron sus ideas. Ya no volvería a ser el mismo, todo estaría teñido de esa policromía extraña previa a él, presente desde el inicio de los tiempos... 
 
 
Pero sus respiraciones...sus respiraciones se acompasaron hasta que el rubor se blanqueó y sus lágrimas se secaron. Dejó de gritar...¿cuánto hacía? Mucho ya. Pero esas respiraciones fueron claves en su vida, de eso se acordaba bien: se aceleraron cuando tuvo su primer día de clases en el otoño cobrizo, se aletargaron bajo el sol dorado de enero en el campo, volvieron a acelerarse cuando la vió por primera vez bajo la parra verde de la casa de su mejor amigo, cabalgaron hasta extinguirse cada vez que hacía el amor en llamas amarillas, violetas y rojas, resoplaban frente a cada examen final flúo, se detuvieron por un eterno instante cuando le anunciaron la negra muerte de su padre, volvieron a acelerarse emocionadas cuando su hija Azul llegó al mundo...
 
Rápidas, lentas, pausadas, forzadas, felices, incapaces, llenas o vacías se sucedieron en forma ininterrumpida por el arco iris de sus días. Él les daba vida (¿o era al revés...?)

Se sentía muy seguro de ellas, no se concebía ni se reconocía sin ellas. Pero pensaba si podía detener y reanudar ese compás multicolor a voluntad.

Aquel otro día, ya conocido por él, luchaba por volver a respirar. Estaba nuevamente en el hospital, en otro. Lo habían llevado de urgencia después de sufrir el infarto y estaba conectado a un montón de plateados aparatos que hacían ruidos monótonos pero salvadores.
 
Pero ella, su nívea respiración, seguía junto a él.

De pronto, sintió que el diafragma dejaba de moverse; se había cansado. Mucho esfuerzo de parte de los dos, de él y de ese otro “él” que lo poseía; voluntario e involuntario. Los pulmones sabían que habían cumplido su tarea dignamente. Él, reclinado, notó que su cara enrojecía otra vez por el esfuerzo y las lágrimas hervían sobre sus mejillas.
 
Intentó gritar como aquel primer día pero, esta vez, el sonido no fue.

Cerró los ojos. Sabía que no volvería a ver los colores que lo fascinaron desde el inicio. Pero le quedaba el consuelo de saberlos incorporados a su esencia. Entonces, escupió el mar de oxígeno que lo ahogó mucho, mucho más de medio siglo atrás. Lo espiró profundo en un arco iris de compases armónicos.

Y se abandonó al placer de sumergirse, sin respirar, nuevamente en las sombras.
 
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados
 

viernes, 11 de marzo de 2011

Números

Hoy es un día de bellos números para mí.

Es 11 Marzo 11 y cumplo 44 años.

Dicen los estudiosos de los números que tanto el 11 como el 44 son números maestros. El 11 es el que identifica al Rey, el poder detrás del trono, el sanador espritual. El 2 potenciado. Hay dos "11" este día. ¿Será doblemente real, doblemente poderoso, doblemente sanador el augurio?

El 44 es la fuerza, el dinero, la responsabilidad, la vejez. Otra vez la fuerza pero acompañada de dinero y responsabilidad. Opto por pensar sobre la responsabilidad que acarrea tener mucho dinero...

¿Y la vejez? Para mí, la vejez es un estado mental. Aunque muchos dicen que "el cuerpo también envejece", yo creo que el cuerpo madura, se hace más y más experimentado en sus funciones. Se especializa: sabe con certeza qué es lo que le causa dolor y placer, qué lo satisface o no, qué necesita y qué es puro antojo. Si sabemos escucharlo, nos sostiene, nos cobija, nos protege...siempre. Tiene una increíble capacidad de resistencia; una extraordinaria sabiduría de autocuración. Nos mantiene maduros, pero no viejos, hasta que decidamos cambiarlo por uno nuevo (y no hablo de cirugías estéticas...).

El tema son nuestros pensamientos. ¿Tenemos pensamientos afirmantes de todo lo bueno de lo que disponemos o nos dedicamos a la queja, el agobio, el rencor, la furia, el sufrimiento y la minimización de nuestra maravillosa humanidad?

Así que...sí. Estoy muy feliz. Este once del tres del once, a mis cuarenta y cuatro años he comenzado el día con los seres que amo, he recibido maravillosas sorpresas, he sido mimada con esperado e inesperado afecto de personas que están en mi vida, algunas en formas más permanente otras, en forma más transitoria.

También he decidido que "año nuevo, vida nueva". No soy original, lo sé pero, ¿acaso importa cuando voy camino a ser "una nueva persona en una vieja vida"?

Me gusta celebrar la vida.  Me gusta celebrar mi vida. Me gusta cumplir años. Me gustan mucho mis 44 años.

Hoy para mí, es un día de perdón, de soltar, de dejar ir, de amar profundamente, de merecer.

A todos los que en algún momento han compartido alguno de mis días y a aquellos que todavía la comparten, gracias. POR TODO. Porque me ayudaron -y ayudan- a crecer.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, CYNDI!
Te amo.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Permanecer



La vida es efímera. La muerte, sorpresiva. El tiempo, permanente.
Somos nosotros los que estamos en tránsito.
Cada instante, cada segundo, cada inspiración abarca toda la vida. Completita. Íntegra. Colmada. Por lo tanto, tengo todo el tiempo del mundo. Todo el tiempo está abarcado en ese instante de inspiración.
Y espiración.
Valorar la vida implica tener la consciencia del presente y el valor de cada instante. Saber que hemos llegado hasta aquí componiéndonos de millones de instantes plenos que nos conforman en esto que somos, personas íntegras. Sin divisiones, sin fisiones, sin rajaduras. Será por eso que la perfección significa que somos lo que elegimos ser en cada momento, moldeándonos según nuestros pensamientos, que tienen el poder de la fusión nuclear y la velocidad de la luz.
Poderosos, sublimes, bellos. Así somos. A cada instante. Con cada inspiración.
Valorar la grandeza de construirnos en nuestro tránsito por el tiempo es una manera de valorarnos. Tomar consciencia de nuestra capacidad para ser todo lo que estamos destinados a ser, también.
Estoy agradecida a Dios, al Universo, al Poder. Por ser, por estar, por seguir permaneciendo.
Y me agradezco por seguir eligiéndome.
P.S.: TAP GI