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jueves, 21 de enero de 2016

Loop interminable

Esto es más o menos así: había comenzado a escribir hace como ocho horas, un relato autodescriptivo de un estado de ánimo. La cosa iba tomando forma, además de velocidad, e iba cursando una dirección.

Un evento inesperado y agradable interrumpió mi tarea.

Ocho horas después -ahora- decido retomar aquel relato y, repentinamente, lo interrumpo, guardo el borrador y abro esta página para empezar a escribir algo diferente.

Me doy cuenta que en el relato original, el que guardé en borrador, estaba hablando de la incerteza de lo que acontece en el instante siguiente.

Je...fenómeno que se repite como en un loop interminable.

Hablar de lo precioso de cada instante me suena trillado. Sin embargo, hoy estoy apreciando eso de un modo particular, diferente. Hoy hice contacto con que desde hace aproximadamente un año y medio y en determinados momentos, mi presencia fluye con la sabiduría de conocer que cada segundo es irrepetible.

Y, en otros momentos, algo en mí contacta con la idea de inmortalidad absurda, como si tuviera aún mil años por delante para llevar a cabo todo lo que deseo hacer. A veces también con lo que tengo que hacer.

En los últimos cinco días he pasado por todos esos estados: una presencia tan plena como si el mañana no existiera, el dolor de la ausencia, la costumbre de lo cotidiano que me ayuda a "trivializar" la rutina, la grata sorpresa de encontrarme en un lugar para darme cuenta que no sé cómo llegué allí y el shock que me desestabiliza y me contacta con la tristeza.

Todos instantes. Todos momentos. Todos esos instantes y momentos representantes de la vida.

Mi vida.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados







sábado, 22 de agosto de 2015

Gravedad

Esta mañana me desperté pensando en la gravedad...en la palabra "gravedad". Y me preguntaba por qué usamos la misma palabra para hablar de la enormidad o el exceso en una enfermedad, por ejemplo, y para la atracción universal de los cuerpos en razón de su masa.

También por qué, según la teoría de la relatividad, la gravedad está íntimamente ligada al espacio y al tiempo.

Porque parece que, cuando algo con masa se hace presente, el espacio-tiempo se "deforma" cambiando la geometría. Y esto hace que ocurran cosas "raras": la línea más corta entre dos puntos puede terminar siendo una curva y no una recta o dos paralelas se cortan en un punto o en infinitos puntos...

Nosotros, entonces, incorporamos la frase "todo es relativo" gracias al genial Einstein.



A mí me pasa que, cuando relativizo algo que está sucediéndome, termino por deformar mi experiencia. A veces, algo de peso pequeño en mi vida termina cobrando una relevancia de tal magnitud que su gravedad altera todos mis cursos. Empiezo a desviar mi camino y tardo una eternidad en llegar a destino...¡al menos en mi tiempo interno lo siento como algo eterno! (¿Estaría hablando también de esto Don Alberto...?)

A veces algo de gran peso lo minimizo al punto que desaparece. ¡Puff! Se esfuma, deja de ser, no pesa nada..."no es algo de gravedad, Cyndi, quedate tranquila...¡Pronto pasará!"

Mi espacio-tiempo está siendo deformado constantemente por el peso que yo le otorgo a los acontecimientos a través de mis sentimientos y mis pensamientos, que parecen tener vida propia. Pero no la tienen. Es a través de que son, soy YO la que decide qué masa tienen y por lo tanto, cuánto tiempo ocupan de mi tiempo.

"Aquí y ahora...aquí y ahora...aquí y ahora...", me repito como un mantra para que el milagro de la relatividad reacomode la distorsión de mi experiencia.

Stop. ¿¡El milagro de la relatividad!? Pero...¿no era yo la que le otorgaba el peso y tamaño a la masa del acontecimiento? Parece que, muy a mi pesar, soy la responsable de la distorsión y la ´"re-acomodación" de mi experiencia.

En fin...tendré que hacerme cargo de revisar masa y tiempo de cada experiencia que vivencio, a cada instante para que mi geometría se transforme en perfectamente sagrada.

Es aterradoramente fascinante saber que tengo el poder sobre LA gravedad...¡faaaa!

Quería postear esto el 21 de agosto, pero bueh...me pasé de masa. ;)

Buenas noches...hasta el próximo aquí y ahora.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados

domingo, 31 de mayo de 2015

El camino

Se despierta con los rayos del sol atravesando la ventana. Aún no puede creer que esté aquí.

Decide que el lugar debe estar apartado de todo lo conocido, de todos los conocidos. Decide que debe estar cerca -cerquísima- del mar. Decide que quiere estar rodeada de blanco.


Decide, también, estar sola -solísima-. Después de todo, así es como vino al mundo y así es como se irá.

Así es como se siente.
Así es como está.

Hoy es el primer día de muchos en los que finalmente duerme y sueña con historias agradables, con posibilidades, con otras dimensiones. En las últimas tres semanas sólo soñaba que estaba despierta, intentando dormirse, para luego despertarse de un sueño que no había sido. Durante los últimos tres meses, el insomnio, el mal descanso, los pensamientos a velocidad luz la poseyeron sin tregua, dejándola sin lugar ni tiempo para sentirse ella misma.

La cabeza pesa, la columna duele, las articulaciones crujen, las entrañas se adormecen, la mirada se pierde, el corazón añora.

Se incorpora de la cama, después de desperezarse y se dirige al balcón. Quiere respirar profundo el aire limpio del mar y tragarse todo el color del paisaje. Quiere llenarse de silencio. Aún escucha sus ruidos internos, sus luchas acérrimas, sus peleas polarizadas entre pasado y futuro, deseo y deber, hacer o no hacer; sus diálogos agotadores. Por momentos sólo quiere desaparecer, desvanecerse no sólo del mundo sino de sí misma. (¿Será eso posible?)

Este es uno de esos momentos en los que siente que el tiempo es absurdo, los relojes le refriegan en la cara el curso arbitrario del día dividido en horas, minutos, segundos, milisegundos y el espacio no es suficiente.

Necesita más espacio.
Necesita nuevo espacio.
Necesita el infinito...

Se siente atrapada, prisionera, esclavizada. Y siente que sus creencias, su vida tal y como la conoce y su propia historia son los carceleros. Está aquí para apelar lo que considera su sentencia ya cumplida, para mostrar su alegato y revertir el fallo.

Está cansada...muy cansada. Necesita recuperar fuerzas, rearmarse, ordenarse y tomar decisiones. Necesita estar consigo misma, detener sus batallas, ser honesta.

Se prepara un jugo de naranja, se sumerge en la bañera, mirando el mar. Presta atención a su propia respiración. El mundo, tal como se le presenta en este instante en medio de su aturdimiento y confusión es hermoso; la vida, un enigma a revelarse a cada instante.

Se pregunta si está dispuesta a reingresar a este tiempo y a este espacio, a volver a lo cotidiano. Si es así, ¿bajo qué forma lo hará? ¿Se dejará acompañar? ¿Por quién? ¿Por cuántos? ¿Hasta dónde?

Sabe que una parte de sí permanecerá solitaria, misteriosa, inaccesible, con razones, sentidos y motivos que sólo ella conoce. Sabe de lo que es capaz, sabe lo que quiere, sabe...lo que sabe. Sabe también que no debe responder a nadie en este mundo salvo a sí misma. Y sabe que entonces, sólo cultivando su interior, puede salir al mundo a ser quien está destinada a ser.

Así como se trate, así como se escuche, así como se conozca, tratará, escuchará y conocerá a otros.

Mira la copa ya vacía. Va siendo arbitrariamente la hora del silencio. Cree que allí está el camino de su existencia.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados

domingo, 7 de diciembre de 2014

El tiempo más largo, la idea menos pensada

Sentados en silencio. El mar en calma, el cielo negro profundo, presagio de tormenta.

El alma rota en pedazos.

- ¿Es posible que el alma se rompa?
-No, le responde él. Sólo la dividiste para aprender más rápidamente.

Pero ella no lo siente como aprendizaje. El dolor es insoportable, estruendoso. Ella cree que si se presta la debida atención se lo puede escuchar. ¿O es acaso un trueno? No, ella está segura, es su dolor. El dolor lo siente hasta en los nudillos. No hay zona de su cuerpo que no duela. Pero el dolor más intenso lo siente en el alma.

Algo no está bien...

Un relámpago atraviesa el espacio del cielo al agua. ¿O es al revés?


Luz, en medio de la oscuridad.

- ¿Es posible que el alma duela?
- No, vuelve a responder él. Lo que te duele es saber que puede no dolerte.

Ella está cansada, muy cansada. No logra entender por qué sigue estando en el lugar en el que está, por qué permanece allí, sabiendo que su lugar está en otro lado.

- ¿Sabés? A veces siento como si fuese el alma la que duele, en verdad. El dolor me invade: me duelen los recuerdos, me duelen las decisiones, me duelen las sobreadaptaciones, me duelen los "si" más que los "no", me duelen los altruismos obligados, me duelen los años usados en todos estos dolores que ya no habré de recuperar ...
- Se llama "vida", dice él con calma.

Otro rayo en el cielo. ¿O en el suelo...?

¿Es esto el aprendizaje? Tal vez ella esté ahora volviendo a unir el alma que, según él, separó para aprender más rápido. Sólo que ella no siente que esto haya sido rápido. Le ha llevado casi medio siglo...por lo menos es lo que cree.

- El tiempo es una invención, ya lo sabés. ¿Por qué te detenés a pensar en él?

Detenerse. ¡Eso es lo que ella necesita, lo que anhela, lo que busca! ¡Detenerse! Detenerse en el espacio, detener el tiempo, observarlo todo como en una foto polaroid instantánea. Suelen pregonar por ahí que hay que moverse, seguir adelante, no parar...pero ella ya no puede seguir. No así.

Ella siente cómo todo comienza a inmovilizarse. No es "todo" lo que se inmoviliza. Ella es quien se ha detenido. Otro rayo atraviesa el aire y esa luz queda fija en su retina, vibra en su piel. Un trueno grave resuena en sus huesos. Escucha su respiración dinámica, sus pulmones se llenan de mar, de sal, de tormenta, de paz. Siente el dolor cediendo y ya no siente el alma rota, sólo perdida.

Lo mira fijo. Él le devuelve la mirada, sereno.

- Me quedaría en este instante por siempre, susurra ella.
- ¿Qué te lo impide?
- Equilibrio...necesito encontrar un equilibrio. 

Otra vez, silencio. Ahora el dolor es parte de su conciencia. Quizás el dolor es el indicador de dónde se halla su norte, su rumbo, su equilibrio.





- Sé que estás detenida pero...¿creés que podés volver y moverte ahora? La tormenta se aproxima. Tenemos que entrar...  

"¿Es esto el equilibrio?", se pregunta con semblante de desconcierto. Vuelve su cabeza hacia él, lo mira profundamente, de alma a alma.

- Por supuesto no tengo problema en volver e ir con vos... Aunque yo...yo creo que ya estoy adentro.   

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados