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domingo, 7 de diciembre de 2014

El tiempo más largo, la idea menos pensada

Sentados en silencio. El mar en calma, el cielo negro profundo, presagio de tormenta.

El alma rota en pedazos.

- ¿Es posible que el alma se rompa?
-No, le responde él. Sólo la dividiste para aprender más rápidamente.

Pero ella no lo siente como aprendizaje. El dolor es insoportable, estruendoso. Ella cree que si se presta la debida atención se lo puede escuchar. ¿O es acaso un trueno? No, ella está segura, es su dolor. El dolor lo siente hasta en los nudillos. No hay zona de su cuerpo que no duela. Pero el dolor más intenso lo siente en el alma.

Algo no está bien...

Un relámpago atraviesa el espacio del cielo al agua. ¿O es al revés?


Luz, en medio de la oscuridad.

- ¿Es posible que el alma duela?
- No, vuelve a responder él. Lo que te duele es saber que puede no dolerte.

Ella está cansada, muy cansada. No logra entender por qué sigue estando en el lugar en el que está, por qué permanece allí, sabiendo que su lugar está en otro lado.

- ¿Sabés? A veces siento como si fuese el alma la que duele, en verdad. El dolor me invade: me duelen los recuerdos, me duelen las decisiones, me duelen las sobreadaptaciones, me duelen los "si" más que los "no", me duelen los altruismos obligados, me duelen los años usados en todos estos dolores que ya no habré de recuperar ...
- Se llama "vida", dice él con calma.

Otro rayo en el cielo. ¿O en el suelo...?

¿Es esto el aprendizaje? Tal vez ella esté ahora volviendo a unir el alma que, según él, separó para aprender más rápido. Sólo que ella no siente que esto haya sido rápido. Le ha llevado casi medio siglo...por lo menos es lo que cree.

- El tiempo es una invención, ya lo sabés. ¿Por qué te detenés a pensar en él?

Detenerse. ¡Eso es lo que ella necesita, lo que anhela, lo que busca! ¡Detenerse! Detenerse en el espacio, detener el tiempo, observarlo todo como en una foto polaroid instantánea. Suelen pregonar por ahí que hay que moverse, seguir adelante, no parar...pero ella ya no puede seguir. No así.

Ella siente cómo todo comienza a inmovilizarse. No es "todo" lo que se inmoviliza. Ella es quien se ha detenido. Otro rayo atraviesa el aire y esa luz queda fija en su retina, vibra en su piel. Un trueno grave resuena en sus huesos. Escucha su respiración dinámica, sus pulmones se llenan de mar, de sal, de tormenta, de paz. Siente el dolor cediendo y ya no siente el alma rota, sólo perdida.

Lo mira fijo. Él le devuelve la mirada, sereno.

- Me quedaría en este instante por siempre, susurra ella.
- ¿Qué te lo impide?
- Equilibrio...necesito encontrar un equilibrio. 

Otra vez, silencio. Ahora el dolor es parte de su conciencia. Quizás el dolor es el indicador de dónde se halla su norte, su rumbo, su equilibrio.





- Sé que estás detenida pero...¿creés que podés volver y moverte ahora? La tormenta se aproxima. Tenemos que entrar...  

"¿Es esto el equilibrio?", se pregunta con semblante de desconcierto. Vuelve su cabeza hacia él, lo mira profundamente, de alma a alma.

- Por supuesto no tengo problema en volver e ir con vos... Aunque yo...yo creo que ya estoy adentro.   

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados

lunes, 13 de octubre de 2014

De-significado

Se detiene abruptamente. Se siente aturdida. Su cabeza es como un lavarropas en función de centrifugado; todo va a mil revoluciones por minuto y no logra distinguir con claridad nada de lo que gira como un tornado en su mente, tratando de eyectarse. Siente la contractura en el cuello, el dolor punzante en la cabeza, el latido en sus sienes.

(¿Cómo llegué hasta aquí?)

Las voces ensordecen su razón y también su corazón. No sabe qué piensa, no sabe qué siente. Las voces no provienen del exterior, sino de su propio mundo. No sabe qué dicen, no entiende las palabras…no las entiende. Sabe que necesita callarlas para entender.

Necesita callar las palabras para entender… (¿No es eso extraño…?)



Se enfoca en el ojo del tornado, en el centro de ese lavarropas centrifugando y encuentra la serena detención de la vorágine, el vacío, el agujero que da lugar, el espacio, el no-tiempo. Encuentra la quietud, la calma, la tranquilidad, el silencio...

Allí, no hay voces, no hay sonidos, no hay palabras. La palabra parece no estar allí, no existir allí.

Pero… ¿quién es ella sin palabra? (Necesito callar las palabras para entender…).

La invade una contradictoria sensación. Si permanece allí, la paz que siente la tienta a no volver a salir al mundo (¿Para qué?). Si permanece allí, también deja de ser; ya no hay vínculo con el exterior…y tal vez tampoco con el interior de sí misma.

Ya no hay palabra que pueda ayudarla.
Necesita callar las palabras para entender…

Porque hoy, para ella, hablar es desintegrarse.

Hoy, para ella, la palabra es estar en el borde del abismo entre ser libre y querer gritar – en silencio- que alguien venga a su encuentro. Es no tener ganas de ser ella quien tenga que salir a mostrar quién es.

Es darse cuenta que, mientras la palabra la conecta con lo que es, con quién es, con cómo es, mientras la palabra es el nexo, es mostrarse, es querer ser escuchada y descubierta, para ella hoy, es blindaje, escondite, el dolor de que nadie la vea ni la descubra tal como es.

Hoy ella es silencio. Y quien sepa cómo permanecer dentro de él con ella…bueno, descubrirá todos los secretos que ella guarda. Ella está completamente expuesta y desnuda en ese silencio.

Ella sabe que allí, no tiene forma de ocultarse…

(¿Habrá alguien que quiera venir a buscarme aquí…?)


Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados