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viernes, 22 de junio de 2018

¿Sin-sen Tido...?

Entonces, así es como se ve la confusión: verde, gris y arándano, aunque al ingresar el color predominante es el once.

Nada de lo aprendido sirve para guiarse en esta senda sin camino. Le dijeron que debe apelar a los latidos y que registre cuando lleguen a 237 por segundo. Justo en ese barandal estará listo para alterar. No está acostumbrado a escucharse tan finitamente, sus dimensiones sin cuenta ni registro no están ordenadas por sabores, como es habitual. Imagina que sólo confiando en sus paralelogramos zanjará la distancia.

Así pues, pone un pie frente a otro e inicia el ascenso por la escalera invertida. El horizonte se acerca peligrosamente al punto de que la línea puede decapitarlo. Dar la vuelta en noventa grados implica un salto de fe hacia la superficie, una estepa cuatridimensional en dos capas revestidas en sol menor.

Ya casi a los 230, siente cómo se le duerme el olfato. Se pregunta cómo gateará sin que el carmesí se apodere de sus dientes. ¿Sabrá cómo destejer el vidrio sin romper los patrones imperfectos de los círculos de texto?

Lo han nombrado loco antes, aunque nunca después de las 15.67 lo cual hace este incidente peculiarmente ordinario. Jugarse las polainas en este giro no es una elección ligera.


Se lanza al cielo de frente y gira sobre el gris, la confusión descarnada sobre el ángulo. Nada de lo sentido coincide con las fusiones polifónicas de sus pupilas y siente cómo el aroma circula por sus venas.

Llegó el momento. Ahora puede gritar con sus oídos abiertos a la multicromía de la nada. ¿Recibirá la escalada descendente de los dígitos sobre la brisa ensordecedora del tiempo arenoso?

La respuesta llegará con el arco de lo impoluto.
Es la única forma en que la confusión es.

Cyndi Viscellino Huergo ©Todos los derechos reservados
Pintura: Joel Rea

jueves, 9 de junio de 2016

Amorfológico

Llena de palabras en la oscuridad, ninguna parece aportar sentido a mis sentidos.

Es extraño sentirme una extraña en mi propio cuerpo. Nada de lo que diga, haga, piense o sienta parece importante.

Como si sólo algo transformador fuese valioso.

Sé que probablemente mi estar es ambiguo, abstracto, ambivalente, acariciante, acuciante y altisonante.

Sé que así como estoy puedo no interesarle a nadie. Tal vez, hasta puedo ser incomprensible, inasible e inabarcable.

Pero estoy siendo esta que estoy siendo.

Uno de mis mayores desafíos en este exacto momento es dejarme ser así. Después de todo, resguardarme es parte de la acostumbrada manera de adaptarme y, aunque la adaptación me ha salvado (y aún salva) la vida, a veces tampoco tengo claro para qué salvarla. Ni de qué.

Dejarme fluir implica en mí una tarea ciclópea permanente. Claro que nada de lo permanente permanece...

Paradójicamente harta de diatribas, me entregaré al anonimato del sinsentido y a la no-comprensión de aquellos que no sepan encontrar lo que aquí estoy mostrando; no por elitismo sino porque hoy, simplemente, no encuentro otra manera de mostrarme.

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados