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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Yuxtapuesto

Cadencioso pero no eterno, se sienta en cuclillas -si es que acaso esto existe- y fija su mirada en lo invisible. 

A su alrededor, todos quedan perplejos frente a su actitud segura y definida al plantarse ante la nada. 

La Nada. 

("Pobres, no ven.)

- "¡Hipócrita!", gritan, presuntuosos. No, no es necesario el grito desesperado de atención; la muestra de aparente moralidad contrapuesta a lo que ya no tiene condena. 

Y todo para que él no los deje allí solos en su ignorancia. No saben dónde encontrar la papelera de reciclaje de sus mentes. La mayoría de los archivos que creían imprescindibles bien podían convertirse, en un santiamén, en archivos temporarios. 

Al fin de cuentas, nada es tan importante como para no dejar de creer en ello. 

Nada.

Todo lo demás son sofisticados camuflajes, un verdadero ardid aprendido pero no chequeado, para moverse por el mundo.

Se toma el pulso durante un interminable minuto. Su mirada refleja tanto la concentración de quien sabe lo que está observando como la dispersión de quién detecta lo intransferible. Sus ojos grises enfocan en aquello que está haciendo y en la expectante contención de la respiración de los que esperan, demandantes, que él haga.

Hipnotizado por la imagen que nadie más que él ve, se pone de pie, ignorándolos. Lo que se revela en este instante es prístino para quien sabe ver.

Con paso firme y sin detenerse, avanza hacia la pared de concreto hormigón ondulante.

Y desaparece ante la mirada incrédula de los invidentes.

¿Inentendible? ¿Indescifrable? ¿Inconexo?

Sellando el destino de los escépticos, se escucha la grave voz envolvente decir: 

                                                       "No hay peor ciego que el que no quiere ver".

Cyndi Viscellino Huergo 2020© Todos los derechos reservados

Arte fotográfico: Flora Borsi (Hungría)

sábado, 23 de enero de 2016

¡Levantate, Gustavo!

"¿¡Puede ser posible que me despierte a las cinco o seis de la mañana de golpe, inspiradísimo para escribir y que sea tanta la fiaca que no me levante a hacerlo!? Gustavo, ¡así no se hace historia, loco! ¿Cuánto hace que te das cuenta que se te escapan mil ideas buenas por no levantarte de la cama ni bien te despertás? El bendito tiempo...el momento adecuado...'Que estas no son horas de escribir', 'Que quiero dormir un rato más o remolonear', 'Que en cuanto me levante escribo todo lo que está cruzándoseme por la cabeza'...¡Dios mío! ¡Si parece que me estuvieran dictando! ¡Levantate, Gustavo!".

Pero no. Se queda en la cama al menos una hora y media más y...¡plaf! Cuando se levanta...nada.
Nada de nada.
Ni siquiera un bosquejo de la idea original...¡aunque sí se acuerda que estaba buenísima!

"Hoy voy por un cuento erótico...si, ¡sin dudas!", se le dibuja una sonrisa amplia en la cara mientras se lava los dientes y espera que el agua para el mate llegue a la temperatura justa. Después de todo es sábado de verano y no tiene que ir volando a trabajar...

"Sí, igual no te levantasste a las seis cuando te vino la idea a la cabeza, Gustavo...uf...qué complicado querer decir todo lo que se me ocurre sin caer en lo burdo, lo chabacano...la idea que tengo está mortal, tiene contenido más allá de lo erótico...voy a escuchar el temazo de mi amigo para inspirarme...pero no sé cómo escribirla originalmente..."

Originalmente. ORIGINALMENTE. Él está siempre preocupado por la originalidad de sus escritos. Después cuando los lee, vuelve a darse cuenta de que ya está TODO escrito.

Siente una profunda frustración. Él sabe que tiene mucho para decir y ojo, algunas cosas muy interesantes. También sabe que tiene un modo a veces divertido, a veces críptico, a veces intenso, a veces irrelevante...Tiene un modo, bah.

"¿Y eso no es ser original, Gustavo?"
Parece que ser él mismo no es suficientemente original...
De pronto, le cae el peso de la mirada y el jucio del mundo entero encima.

"Ahí tenés, Gustavo, el tema es que estás pendiente del mundo entero...casi que también se cae de maduro que no vas a ser suficiente para todo el mundo..."

"...no vas a ser suficiente para todo el mundo..."

Se pregunta si se siente suficiente para sí mismo. Su mente se puebla en recuerdos. ¡Las veces que no fue suficiente! Para sus padres, que esperaban un Nóbel en investigación científica, para su primera novia que consideró que 'la respetaba demasiado', para algunas otras chicas que lo dejaban porque él era 'muy idealista', para su ex que consideró que su atractivo y el status logrado lo podía superar ese otro con el auto importado alemán (uno nacional de origen alemán nuevo no alcanzaba), para sus superiores que pretenden que los números del próximo acuerdo comercial internacional superen los cientos de miles del anterior y así considerar su ascenso...y la lista sigue.

"...no vas a ser suficiente para todo el mundo..."

Tampoco se siente suficiente para sí mismo. Recuerda lo olvidado: que lo miden en resultados, en expectativas, en efectividad.

Se pregunta entonces quién es, quién tiene que ser para ser suficiente, para sentirse suficiente.

Carga el termo con el agua para el mate, se dirige al living y se sienta frente a la notebook.
Afuera, el silencio de la calle de verano en una mañana de sábado, unas nubes pobladas de posibles tormentas que dudan en descargarse y una brisa que apenas se anima. Adentro...adentro la pesadumbre, la tormenta desatada y el silencio.



Ingresa a Facebook en forma automática, ese lugar en donde no existe la soledad, todos son amigos, los sabios comparten sus consejos, todos exponen sus hermosas vidas, sus gustos, dónde están, qué comen, con quién, denostan al que no piensa como ellos...claro que no todo es así ni todos se comportan de ese modo. Hay muchas personas que en verdad utilizan el recurso para estar conectados con él, para saber cómo está, para arreglar un encuentro personalmente o para poder mantenerse cerca ya que están geográficamente lejos.

Siente una punzada en su cintura. Decide levantarse y estirarse un poco. Se da cuenta de que terminó el termo de mate hace rato, pasaron más de dos horas y...no escribió su cuento erótico. Ni siquiera abrió su procesador de texto para volcar una sola idea.

"Se cae el mundo entero, se cae de maduro que no soy suficiente pero no se me cae ni una idea en este momento..."

En ese par de horas también se olvidó de lo que siente: frustración, agobio, pesadumbre, insuficiencia de sí mismo.

Pero bueno, al menos el día mejoró, salió el sol y su mañana de sábado fue un poco diferente. Tal vez mañana se anime a levantarse, sin importar la hora, a escribir lo que le dictan por la madrugada.

Tal vez eso sí sea original...

Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados

jueves, 2 de julio de 2015

Las sombras dibujan tu perfil en el reflejo saturnino del interior no divisable

Estás mirándome fijo.

En la distancia se desdibuja tu figura hasta acercarte al paisaje: un árbol perfecto de ramas frondosas, hojas secas en el suelo, capullos abriéndose al cielo, rocío cayendo por los pétalos aterciopelados de los tréboles y en el medio vos...

...impoluto, rígido, acartonado, dibujado, deshilachado...

Fantasmagórico.
 
 

Mis pupilas se abren y dejan que el universo las penetre. Mi mente se funde y difunde, se confunde y perfunde. Ya no soy cuerpo, sólo mente unida al entorno que se retuerce en el estertor del nacimiento y la muerte cíclicas. Todo tiene vida y movimiento, menos vos...
 
...impoluto, rígido, acartonado, dibujado, deshilachado.

El infinito y yo somos lo mismo, el cuerpo me limita. Mis sentidos se multiplican por mil y ya no creo en los cinco o seis originales, ¡eso es mentira! Dios, el árbol, los pájaros, el mar, vos, todos somos uno.
 
Pero vos...vos no encajás.

Fijo mi mirada en tu figura y te contemplo.
 
El horizonte se achica, las ideas se desintegran, el campo visual se estrecha. Y te veo sólo a vos. El árbol, las hojas secas, los capullos, el rocío desaparecen. Mis sentidos se simplifican a menos uno y me voy hacia adentro...profundo.

Vacío.

Mi espejo me refleja. Ya no soy nada. Ya no soy nadie. Ya no hay ciclos. Sólo vos y yo.
Y yo...impoluta, rígida, acartonada, dibujada, deshilachada.

Fantasmagórica.
 
Alfa y Omega.
 
Cyndi Viscellino Huergo ®Todos los derechos reservados